(Juegos Olímpicos)
Las imágenes calan hondo. La
cordobesa Georgina Bardach con cara de duende y lágrimas brillantes por haber
obtenido la medalla de bronce en los 400 metros combinados de natación. Emanuel
Ginóbili en la base de una pirámide humana después de haberse disfrazado de
contorsionista para darle al equipo argentino el doble que venció a los
simpáticos de Serbia y Montenegro. Fabricio Oberto, con la cara desencajada,
tomándose revancha del gran robo de la final del Mundial 2002. Daniela
Krukower, yudoca ella, con el codo fisurado y con el corazón desgarrado por no
poder luchar por la medalla de bronce. O José Meolans, destrozado por quedar
eliminado en las competencias de 100 y 50 metros libres y sepultar sus
ilusiones, cultivadas durante cuatro años de enormes esfuerzos.
Las escenas se repiten y
muestran un amateurismo conmovedor en algunos deportistas argentinos, que no
sólo compiten en sus respectivas disciplinas, sino que también apoyan a sus compatriotas
cuando sus restringidos tiempos lo permiten. Tal el caso del nadador, a quien
se lo pudo ver con una bandera argentina sobre los hombros, alentando a su
amiga Bardach o saltando feliz por la victoria del voley.
Jon Uriarte es un argentino
que entrena al equipo australiano de voley y contaba que se le piantó un
lagrimón al ver a nuestros deportistas cantando y revoleando sus remeras en el
comedor olímpico. "No se ve a otras delegaciones hacer lo mismo",
describió. Es que el espíritu de equipo caló hondo en la delegación albiceleste
en la que deportistas millonarios y amateurs conviven y comparten un
sentimiento difícil de explicar.
Tampoco hay que pecar de
ingenuos y se debe asumir que no todos viven de la misma manera la máxima
competencia. Algunos fueron de paseo y ante la menor complicación prefirieron
no arriesgar su físico y optaron por el cómodo turismo.
Mientras todo eso sucede,
nuestro deporte sigue compitiendo en los Juegos Olímpicos en la búsqueda de
mejores rendimientos y, si se puede, de alguna medalla.
Los deportes colectivos
aparecen como los grandes candidatos a llevarse alguna presea. Empezando por el
fútbol que hoy juega su partido de cuartos de final frente a Costa Rica y es
considerado el gran candidato al oro, después de una primera ronda perfecta en
la que ganó sus tres partidos sin recibir ningún gol en contra.
Las Leonas, en hockey
femenino, están teniendo un gran rendimiento, lo que las coloca con grandes
posibilidades de ganar alguna medalla. Sueñan con la dorada, pero tienen
rivales difíciles, como la temible Holanda y la insoportable (por como corren
sus jugadoras) China.
El basquet está empezando a
mostrar el nivel superlativo del Mundial pasado y el voley se sobrepuso a los
increíbles problemas organizativos que existieron antes de la competencia.
Llegar al podio en cualquiera de las dos disciplinas tendría el aroma de la
hazaña por la calidad y cantidad de adversarios de fuste.
Algunos deportes
individuales o por parejas despiertan, también, esperanzas: las sorprendentes y
corajudas Paola Suárez y Patricia Tarabini, en el doble femenino; Carlos
Espínola y Santiago Lange, en yachting, y Santiago Fernández, en remo, aparecen
como los principales candidatos a llegar bien arriba.
De todos modos, el idealismo
no siempre triunfa y suele quedarse con imágenes que no son las de la victoria,
aunque lo importante, en los Juegos, sea fortalecer el espíritu y la
importancia de competir, dejando a un lado la obsesión por ganar, tan de moda
en estos tiempos.
Manuel Alvarez Oliva
deportes@agenciamp.com.ar
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