Deportes 28-08-2004 - 567 Palabras

(Olimpiadas – Balance)

 

AUNQUE GANES O PIERDAS...

 

El equipo hizo madrugar a muchos. Valió la pena. La selección de fútbol consiguió el título olímpico por primera vez en su historia y quebró 52 años sin medallas de oro. En la final aguó por 1 a 0 las ilusiones paraguayas con un tanto de Carlitos Tévez, goleador del campeonato. Los chicos de Bielsa ganaron los seis partidos que jugaron en Atenas, hicieron 17 goles y no recibieron ninguno.

 

Los jugadores compartieron con nosotros, a kilómetros de distancia, la “sensación única”. La necesidad de llegar a lo más alto del podio era imperiosa, no sólo por ellos, sino por un técnico con el que se identifican y que ha formado una selección que juega al fútbol como pocas en la rica historia de nuestro país. El DT, fiel a su estilo, se limitó a sonreír con un “esto no se compara con nada”.

 

Tévez, Lucho González, Andrés D´Alessandro y Javier Mascherano fueron los abanderados del juego por el piso, la cabeza levantada y algunos lujos asombrosos. Los acompaña un conjunto sólido y efectivo que, hasta la final, hizo del campeonato olímpico un paseo sin demasiadas complicaciones.

 

El bronce obtenido por las Leonas es un premio merecido para un grupo que, de la mano de un gran esfuerzo y del talento de muchas jugadoras, puso al hockey femenino en el más alto nivel con muchos menos recursos que los grandes gigantes: Australia, Alemania y Holanda.

 

No sólo de medallas vive el deporte, sino que existen ejemplos que brillan con luz propia a pesar de no haber obtenido grandes resultados. Como el caso de la garrochista Alejandra García que clasificó a la final de su disciplina provocando uno de los milagros en Atenas, ya que fue la primera atleta argentina que participa en una final de atletismo.

 

 

Lo de Carlos Espínola, en yachting, quedará en la historia. Es el primer deportista argentino en conseguir medallas en tres Juegos Olímpicos distintos. Junto con Lange, consiguieron la de bronce en la clase Tornado.

 

José Meolans es, sin dudas, el mejor nadador argentino de la historia y fue una de las grandes esperanzas de buen rendimiento en Atenas 2004. Sin embargo, el Pepe cordobés no pudo plasmar en el agua cuatro años de entrenamiento y sacrificios. Su bronca y desilusión perduran, pero su grandeza en la derrota y su incuestionable profesionalismo son más importantes que la puntual desilusión.

 

Lo del voley superó todas las expectativas. Perdió un verdadero partidazo por los cuartos final con la siempre candidata Italia y demostró que la inactividad internacional, consecuencia de su impresentable dirigencia, no fue obstáculo para tener un gran rendimiento en la competencia olímpica.

 

El basquet confirmó su candidatura a una presea con un rendimiento irregular, pero con el aplomo suficiente para ganar esos partidos que se deben ganar. Lo más destacable en el grupo de "lungos" es el hambre de gloria y la disciplina con la que se manejan. Hoy, los dirigidos por Rubén Magnano buscarán darle la puntada final a su hazaña olímpica. Ya están en la historia grande, pero el dorado siempre seduce más que la plata.

 

Los Juegos Olímpicos llegan a su fin. Fueron poco más de quince días para la fiesta más espectacular que el deporte puede regalar. La Argentina es convidado de piedra en estos eventos, pero algunos lujos se pudo dar. No es poco. No es poco.

 

Manuel Alvarez Oliva

deportes@agenciamp.com.ar

Agencia MP

 

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