(Olimpiadas – Balance)
El equipo hizo madrugar a muchos. Valió
la pena. La selección de fútbol consiguió el título olímpico
por primera vez en su historia y quebró 52 años sin medallas de oro. En la
final aguó por 1 a 0 las ilusiones paraguayas con un tanto de Carlitos Tévez,
goleador del campeonato. Los chicos de Bielsa ganaron los seis partidos que
jugaron en Atenas, hicieron 17 goles y no recibieron ninguno.
Los jugadores compartieron con nosotros,
a kilómetros de distancia, la “sensación única”. La necesidad de llegar a lo
más alto del podio era imperiosa, no sólo por ellos, sino por un técnico con el
que se identifican y que ha formado una selección que juega al fútbol como
pocas en la rica historia de nuestro país. El DT, fiel a su estilo, se limitó a
sonreír con un “esto no se compara con nada”.
Tévez, Lucho González,
Andrés D´Alessandro y Javier Mascherano fueron los abanderados del juego por el
piso, la cabeza levantada y algunos lujos asombrosos. Los acompaña un conjunto
sólido y efectivo que, hasta la final, hizo del campeonato olímpico un paseo
sin demasiadas complicaciones.
El bronce obtenido por las
Leonas es un premio merecido para un grupo que, de la mano de un gran esfuerzo
y del talento de muchas jugadoras, puso al hockey femenino en el más alto nivel
con muchos menos recursos que los grandes gigantes: Australia, Alemania y
Holanda.
No sólo de medallas vive el
deporte, sino que existen ejemplos que brillan con luz propia a pesar de no
haber obtenido grandes resultados. Como el caso de la garrochista Alejandra
García que clasificó a la final de su disciplina provocando uno de los milagros
en Atenas, ya que fue la primera atleta argentina que participa en una final de
atletismo.
Lo de Carlos Espínola, en yachting, quedará en la historia. Es el primer deportista argentino en conseguir medallas en tres Juegos Olímpicos distintos. Junto con Lange, consiguieron la de bronce en la clase Tornado.
José Meolans es, sin dudas,
el mejor nadador argentino de la historia y fue una de las grandes esperanzas
de buen rendimiento en Atenas 2004. Sin embargo, el Pepe cordobés no pudo
plasmar en el agua cuatro años de entrenamiento y sacrificios. Su bronca y
desilusión perduran, pero su grandeza en la derrota y su incuestionable
profesionalismo son más importantes que la puntual desilusión.
Lo del voley superó todas
las expectativas. Perdió un verdadero partidazo por los cuartos final con la
siempre candidata Italia y demostró que la inactividad internacional,
consecuencia de su impresentable dirigencia, no fue obstáculo para tener un
gran rendimiento en la competencia olímpica.
El basquet confirmó su
candidatura a una presea con un rendimiento irregular, pero con el aplomo
suficiente para ganar esos partidos que se deben ganar. Lo más destacable en el
grupo de "lungos" es el hambre de gloria y la disciplina con la que
se manejan. Hoy, los dirigidos por Rubén Magnano buscarán darle la puntada
final a su hazaña olímpica. Ya están en la historia grande, pero el dorado
siempre seduce más que la plata.
Los Juegos Olímpicos llegan
a su fin. Fueron poco más de quince días para la fiesta más espectacular que el
deporte puede regalar. La Argentina es convidado de piedra en estos eventos,
pero algunos lujos se pudo dar. No es poco. No es poco.
Manuel Alvarez Oliva
deportes@agenciamp.com.ar
Agencia MP
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