(Fútbol – Incentivos – Sobornos)
El
hombre con la camiseta azul y oro, con el número 10 en la espalda, miró a la
multitud que lo adora y disparó una de esas frases que quedarían grabadas en la
memoria colectiva de “su” Argentina: “La pelota no se mancha”. El rugido de
aprobación de sus feligreses dejó por sentado que la afirmación se transformaba
ipso facto en un dogma de fe.
Diego
quería comunicar al mundo que sus errores y caídas personales no significaban
que el fútbol como deporte estuviera sucio. También, que los jugadores eran lo
más puro y transparente de este particular y lucrativo universo.
El
final de cada campeonato en la Argentina es un festival de rumores y
suspicacias en el que la buena fe parece un bicho raro de encontrar. El
Apertura 2004 no es la excepción y cuenta con un condimento extra pocas veces
visto: los hinchas quieren que su propio equipo pierda, como pasó en el
encuentro entre Boca y Newell´s. Es que perjudicar a River era muy apetitoso
para la grey xeneize y así se lo hizo saber a sus juveniles jugadores. ¿El
resultado? Los rosarinos ganaron y están a un paso de obtener el título.
La
incentivación es un mecanismo por el cual un club A promete dinero a un club B
para que le gane a un club C que está luchando el campeonato, o peleando el
descenso, con el club A. Está prohibida en el fútbol argentino, pero es sabido
por todos que existe y se produce en todos los campeonatos.
Los
jugadores dicen muy sueltos de cuerpo que están de acuerdo con esa linda
práctica y niegan terminantemente que se produzca otra: el soborno, donde A le
paga a un club B para perder un partido decisivo para el primero e
intrascendente para el segundo.
La
mayoría de los players están de acuerdo con la incentivación porque significa
“ir para adelante”. El soborno, en cambio, implica “ir para atrás”, acción
inimaginable en el mundo transparente y paradisíaco de los futbolistas.
Una imagen deliciosa mostró a Fernando Cavenaghi, ex goleador de River, subido al paravalanchas en medio de los “borrachos del tablón”, tal como se llama la barrabrava del club millonario, alentando al club de los amores en el partido frente a Independiente.
El chico de 21 años explicó risueñamente que había hablado con los jefes de la barra para que lo dejaran participar de tan selecto grupo. Lo que quizás no conoce la juventud del bueno e ingenuo de Fernando es que esos mismos chicos han sido protagonistas de batallas campales contra la policía y otras hinchadas que costaron vidas y heridos por doquier.
Lo que más llama la atención es que Cavenaghi tenga el teléfono de esos muchachos y los llame como quien se comunica con un amigo. Obviamente, los jugadores siempre niegan que tengan contacto con los barrabravas y que les entreguen algunos dinerillos.
Luciano
Figueroa y César Delgado, ex jugadores de Rosario Central, también hicieron la
gran Cavenaghi y contaron orgullosos su experiencia con la complicidad de
compañeros, dirigentes y periodistas.
Galileo
Galilei fue declarado hereje por decir que la Tierra se movía alrededor del
Sol. Para no ser quemado tuvo que retractarse. Cuenta la leyenda que, terminado
el proceso, dijo entre dientes: “Sin embargo se mueve”.
En
la Argentina futbolera es dogma de fe que la pelota no se mancha. Perdón Diego,
perdón sistema, pero “sin embargo está negruzca”.
Manuel
Alvarez Oliva
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