Deportes 14-10-2006 - 592 Palabras
(Hockey – Leonas)
SIGUEN RUGIENDO
Si el pesimismo impone condiciones se dirá que las leonas no llegan a una final desde 2002, cualquiera sea el torneo del que se hable (Champions Trophy, Juegos Olímpicos, Mundial). Por el contrario, un optimista manifestará que hace seis años que el rugido se hace sentir en los primeros cuatro lugares de cualquier competencia.
¿Mitad lleno o mitad vacío?
El tercer puesto
obtenido en el Mundial de Madrid confirma al equipo femenino de hockey como una potencia temible para cualquiera, con
jugadoras de excepción capaces de desequilibrar en cualquier momento. También
es verdad que las argentinas se encuentran, de un tiempo a esta parte, un
escalón por debajo de Holanda y Australia.
Especialmente las naranjas le han encontrado la vuelta a los enfrentamientos ante las leonas. Marca asfixiante para Luciana Aymar y presión sobre la línea de salida del equipo para imponer condiciones de entrada, sin dejar que la jerarquía individual de las nuestras se imponga y haga diferencias.
Así fue la semifinal del Mundial, en la que el 3 a 1 final mostró una clara diferencia a favor de las después campeonas mundiales, a pesar del penal no cobrado para las dirigidas por Gabriel Minadeo.
Holanda se ha transformado en la bestia negra de los últimos torneos y su esquema de juego aparece indescifrable.
Pero el partido “D” para la Argentina fue el último de la fase de grupos ante Australia. Con sólo un empate se evitaba a Holanda en las semifinales y se enfrentaría a la más accesible España. Algunas desconcentraciones provocaron el 3 a 0 en contra y tulipanes indigeribles como futuro. Porque es hora de dejar de lado la guitarra heroica que dice que para salir campeón hay que ganarle a todos sin importar la instancia.
Mientras más adelante uno se encuentre con los mejores, más posibilidades existen de no mirar la final por televisión. Cualquier duda preguntar a José Pekerman y la desgracia de haberse enfrentado a Alemania en la última competencia futbolística.
La contundente goleada (5 a 0) frente a las locales puso la medalla de bronce en el pecho de la capitana Magdalena Aicega y sus felinas seguidoras. Fue un buen final para un torneo que fue testigo de demasiados altibajos en el rendimiento del equipo.
El partido ante Corea fue el punto más alto, con un gol de antología de Lucha Aimar, “la maga”, la jugadora más desequilibrante del mundo, capaz de definir partidos por si misma. Ella y Soledad García son los anchos de espadas de las leonas y todo el mundo lo sabe. Por eso las marcas a presión y la búsqueda constante por parte de sus compañeras cuando las papas queman.
Ante la débil Sudáfrica (2 a 2) se produjo el pico más bajo de rendimiento. Y frente a Australia y Holanda faltaron las variantes para superar, en primer término, el agobio rival en tres cuartos de cancha propio y, abajo en el marcador, la contundencia para aprovechar los corners cortos o jugadas frente a las arqueras adversarias.
El horizonte, sin embargo, aparece auspicioso por la presencia de un recambio de calidad para algunas chicas que están cerca de decir adiós como Aicega, Margalot, González Oliva.
Bouza, Luchetti, Rebecchi son los apellidos del futuro, aquellos que garantizan la permanencia de la mística nacida en Sydney 2000.
Seis años en el podio es un logro que ningún deporte de conjunto ha logrado en bastante tiempo en la Argentina. Sería de necios negarlo buscando manchas en chicas que, literalmente, juegan por amor a la camiseta.
Manuel Álvarez Oliva
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