Deportes 18-11-2006 - 564 Palabras

(Salto con garrocha)

 

CERCA DEL CIELO

 

Saltar con garrocha en la Argentina es como vender camellos en Finlandia. El apoyo es escaso, la difusión, casi nula; demasiadas piedras decoran el ascenso a la cima. Sólo la aparición de alguien diferente, con un talento especial, puede cambiar la situación descripta.

 

Así como Vilas abrió las ventanas al tenis; Fangio puso en el tapete al automovilismo; Las Leonas permitieron descubrir al hockey femenino, un chico de 19 años llamado Germán Chiavariglio está haciendo que el deporte argentino mire con atención al salto con garrocha.

 

Más de 2.000 personas pusieron a tope el Cenard para ser testigos de la competencia de esta disciplina en los Juegos Odesur 2006. El motivo fue que el pibe sensación quería acercarse un poco más a ese cielo que lo obsesiona.

 

La secuencia pareció una película de Hollywood con el héroe al borde de la catástrofe sin poder superar una marca muy accesible para su trayectoria. Sin embargo, el muchachito pasó el mal trago y colgó la medalla de oro en su pecho. El accesorio, que otorga tintes de leyenda al suceso, es que la presea de plata fue obtenida por Guillermo Chiaraviglio, integrante de la dinastía que incluye a Guillermo padre, quíntuple campeón nacional de la especialidad, y hermanito que continúa los pasos que le dicta su apellido.

 

Germán es campeón del mundo juvenil, categoría que acaba de abandonar, y gran candidato, de acuerdo a los especialistas, en superar la barrera de los seis metros, meta que diferencia a los muy buenos de los grandes de verdad.

 

Su calendario se desarrolla en buena parte en Europa donde ha recibido elogios de todo tipo, en especial del entrenador de Sergei Bubka, ícono sagrado de la disciplina, recordman mundial con 6,14 metros en 1994.

 

Santa Fe es su ciudad natal, donde es idolatrado y mencionado con orgullo como hijo dilecto desde hace varios años. Es el primer garrochista argentino en ser campeón mundial en menores (Sherbrook, Canadá, 2003) y en juveniles (Beijing 2006). Alguna vez le sugirieron que compitiera para Italia, a cambio de sponsors, vida en primer mundo y estabilidad económica. Dijo que no, prefirió seguir con el limitado apoyo albiceleste y un esfuerzo conmovedor que provoca entrenamientos interminables de la mano de su papá/entrenador.

 

La mira inmediata está puesta en los Juegos Olímpicos de 2008, donde sus 21 años sugieren no ilusionarse demasiado para ganar una vital experiencia que explote en 2012. Pero sus ojos celestes no dejan mentir, sus expectativas están depositadas en clasificar para las finales de Beijing y llegar a los sagrados seis metros.

 

Algunos osan calificarlo como el sucesor de Bubka, principalmente por el crecimiento exponencial en sus marcas y rendimientos en sólo tres años. Es apresurado decirlo, el tiempo dirá hasta dónde llega este cuasi adolescente que puso en la consideración popular al salto con garrocha.

 

Desde aquella escoba que usaba para saltar en el patio de su casa con su hermano, pasando por la primera garrocha que tomó a los ocho años, han pasado varios años en la vida de Germán Chiavariglio. Un talento natural sumado a ingentes gotas de sudor lo han colocado cerca de su objetivo. Está tocando las puertas, por ahora tímidamente. El futuro aparece esperanzador, en especial porque el techo está alejado, no existen límites en su crecimiento. En cualquier momento el cielo puede transformarse en su casa.

 

Manuel Álvarez Oliva

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