Sociedad 12-01-2008 - 569 Palabras

(Voley)

 

POR EL MILAGRO

 

“Quien no puede lo poco, no puede lo mucho”, dice un viejo y sabio refrán que suele cumplirse a rajatabla, aunque en deportes puede llegar a tener su excepción.

 

Así, la derrota de la Argentina en el Preolímpico Sudamericano de Voley en Formosa aparece como el certificado de defunción de las ilusiones del equipo de Jon Uriarte de participar de los Juegos Olímpicos de Beijing, ya que la opción que queda es participar de un repechaje, posiblemente en Portugal, ante rivales europeos a priori más complicados y con mayor nivel de juego que los vino tinto.

 

Los síntomas de mejoría que mostró el juego argentino en la Copa del Mundo 2007 clasificatoria a Beijing se transformaron en un espejismo en el único partido en serio que jugó el equipo en Formosa. Porque Paraguay, Chile y Uruguay no son rivales de peso y conformaron entrenamientos para llegar al encuentro decisivo, en donde la localía no tuvo peso y Venezuela mostró una superioridad manifiesta, basada en la recepción y el saque, armas incontenibles para una Argentina que no supo mantener la calma para encontrar la vuelta a las complicaciones.

 

La recepción propia fue nuevamente un problema crónico al que no se le encuentra solución y que ya es un karma que produce pavor, más con la potencia de los saques adversarios que se agranda de manera proporcional al achique de los brazos albicelestes en cada servicio ajeno.

 

Tampoco apareció la inteligencia necesaria para buscar alternativas cuando la superioridad rival era ostensible.

 

Esta caída muestra en carne viva el dolor de ya no ser siquiera el segundo en Sudamérica detrás del inalcanzable Brasil.

 

La crisis que pareció detenerse muestra signos preocupantes de vitalidad al punto que permitió que Venezuela clasifique por primera vez en su historia a un Juego Olímpico.

 

A años luz quedan ya las epopeyas del Mundial Juvenil 82, la medalla de bronce es Seúl 88, la patriada en Sydney 2000 u otros batacazos ejecutados por el voley argentino en el concierto mundial.

 

Un tercer o cuarto pelotón en el escalafón internacional es el cobijo actual del equipo nacional, que llora los desatinos dirigenciales y deportivos de los últimos años.

 

El trabajo del técnico, se sabe, es a largo plazo y apunta a un indispensable recambio generacional que brinde una estructura confiable para volver a ser al menos parte del segundo pelotón en el voley mundial, con la posibilidad de tocar algunos campanazos que ilusionen, que vuelvan a colocar la disciplina en el candelero.

 

Sin embargo, el golpe del Preolímpico fue inesperado y deja la puerta abierta a una profunda incertidumbre, debido a que en el probable caso de no participar de los JJOO no habrá competencia internacional hasta 2009 porque la Argentina no será parte de la Liga Mundial de este año. Y, se sabe, sin competencia no existe la posibilidad de crecer y foguear a chicos sin experiencia internacional.

 

Las tormentas se agravan con la casi segura renuncia de Marcos Milinkovic, capitán y símbolo del equipo después del repechaje; Jorge Elgueta y Meana.

 

De todos modos, la única apuesta posible es continuar apoyando el trabajo concienzudo de Uriarte, que busca por todos los medios parar, por lo menos, la caída sostenida. Sólo resta esperar alguna ayuda divina en Portugal. Sino, a seguir remando con lo que hay, que parece poco, muy poco, comparado con la historia no tan lejana.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP