Deportes 19-01-2008 - 582 Palabras

(Kaká - Messi)

 

PRESENTE Y FUTURO

 

Kaká acaparó cuanto premio daba vueltas como mejor jugador de 2007. France Football y la FIFA, los principales, distinguieron al exquisito brasileño como el número 1 y a Messi como su escolta.

 

Los títulos obtenidos por el garoto de 25 años fueron la principal causa de la distancia con el argentino. La Copa de Campeones de Europa ganada por el Milán fue el torrente que llenó el vaso a favor del hombre con cara de ángel y conducta de caballero.

 

En el equipo rossonero, Kaká es el factor de desequilibrio, quizás el único que otorga magia a un conjunto sólido, firme, experimentado que sabe claramente quién es su as de espadas y a quien se debe entregar la pelota de media cancha hacia delante.

 

Por su parte, Messi tuvo su despegue consagratorio en 2007 con actuaciones y goles inolvidables como el maradoniano ante el Getafe o los tres contra el Real Madrid, pero quedó huérfano de títulos, en particular por la nefasta temporada del Barcelona.

 

A pesar de no ganar nada, el rosarino se ha transformado en el ícono del Can Barca, el más amado y respetado, más por la situación actual de Ronaldinho, anterior Dios de los culés.

 

La comparación entre ambos es inevitable por más que sus estilos de juego se diferencien notablemente. Hasta sus físicos dificultan encontrar parecidos, a pesar de compartir posiciones similares. Kaká es mucho más jugador de equipo, tiene más recorrido y se involucra en todos los aspectos del juego, como la marca o la defensa en pelotas paradas. Cuenta, asimismo, con un muy buen juego aéreo y maneja a la perfección cuestiones tácticas primordiales para el fútbol italiano como el encontrar espacios y saber controlar los tiempos de un partido.

 

Messi es la intuición en estado puro dentro de un campo. Gambeta, talento y magia para ganar en el mano a mano y así producir desequilibrio por superioridad numérica de atacantes. No participa tanto en la elaboración del juego y su participación en la marca se limita a hacer sombra, si bien en el Barcelona ha aprendido a presionar a los defensores rivales para recuperar la pelota cerca del arco contrario.

 

Ambos comparten un criminal cambio de ritmo con una diferencia sustancial: Kaká suele realizarlo sin la pelota al pie; es decir que la tira larga y supera a los rivales en el pique sin el útil. Messi lleva la amada atada a su zurda mientras ridiculiza adversarios con su dribbling. Similar resultado final, estética a favor del Pulga.

 

Es difícil que el brasileño mejore sustancialmente su juego en los próximos años; parece haber encontrado su techo, en la estratosfera, pero techo al fin. Ya ha madurado y llegará a su edad ideal en Sudáfrica 2010, donde sólo el título puede depositarlo en el altar de los consagrados.

 

Lionel, en cambio, tiene un largo camino por recorrer, en especial en aprendizaje. Su ascenso ha sido meteórico y su proyección es inimaginable al punto de acercarlo al innombrable Diez.

 

Su humildad y sencillez hacen factible pensar en corregir cuestiones referidas a saber cuándo tocar, frenar, volver para atrás, asistir, desacelerar. No se puede jugar siempre a 150 km por hora.

 

Kaká es el presente, Messi el futuro cada vez más cercano. Uno es un diamante ya pulido que brilla como ninguno es estos tiempos. Al otro le falta trabajo pero huele a joya más destacada, más bella, porque la naturaleza así lo quiso. Sólo de él depende.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP