Deportes 2-2-2008 - 566 Palabras

(Tenis – Djokovic)

 

OTRO NIÑO TERRIBLE

 

Se hizo popular por imitar a sus colegas del circuito de manera burlona. Luego se dijo que había enamorado a la más bonita, María Sharapova, por lo que la admiración aumentó de manera proporcional al impacto que causa la bella rusa. Ahora es el primer jugador en tres años que gana un Grand Slam que no tiene el apellido Federer o Nadal, ya que el último había sido Safin en 2005.

 

Es el nuevo niño terrible del tenis, Novak Djokovic, un temible jugador que pone en jaque la supremacía absoluta del suizo y la herencia del español.

 

El serbio cumple 21 años en mayo y está llamado a protagonizar una lucha encarnizada con Nadal en los próximos años para suceder al quizás mejor jugador de la historia. De hecho, Novak barrió a Roger en tres sets en las semifinales de Australia y terminó de demostrar que su juego está cada vez más cerca del reloj otrora infalible.

 

Federer mostró en Australia lagunas impensables hace algunos meses y, principalmente, errores no forzados difíciles de observar en otros tiempos. Esta declinación de Rogelio comenzó a fin del año pasado con sus dispares rendimientos en los Master Series de Madrid y París ganados magistralmente por un David Nalbandián que volvió a aparecer en tierra de canguros, discontinuo y con problemas físicos y/o de entrenamientos.

 

Pero de Djokovic se trata y el serbio mostró temperamento y madurez para confirmar su favoritismo en la final ante la sorpresa en Melbourne, Jo Wilfried Tsonga, convidado de piedra que no pudo arruinar la fiesta del número tres del mundo. Basado en un saque homicida, el juego del nacido en Belgrado asombra por su efectividad y belleza; no tiene un golpe estrella porque maneja a la perfección todos los fundamentos del tenis; es un jugador de ataque pero su contragolpe es demoledor para quienes intentan tomar la iniciativa.

 

Sólo faltaba calibrar su mente para pegar el zarpazo y el Abierto de Australia fue el momento indicado para dejar de ser promesa y transformarse en amenazante realidad.

 

La final fue una prueba consagratoria para Djokovic debido al sorprendente nivel del francés que mete miedo por su parecido con el joven Cassius Clay. Un set abajo y complicaciones en el segundo parecían el epitafio del serbio, quien reaccionó con una gran  personalidad para imponer su juego y llevarse el título en cuatro sets después de un tie break final en el que sobresalió por su consistencia para demoler a la cenicienta.

 

La victoria del serbio otorga nuevos aires al circuito, cansado de la aplastante superioridad de Federer en superficies rápidas y de Nadal en polvo de ladrillo. Un nuevo invitado se sumó a la fiesta y ahora la atención se fragmenta en tres. Ya no se escuchará la monotemática pregunta de cuándo Nadal destronará a Federer sino que se le suma la incertidumbre de otro posible número uno en un futuro no muy lejano.

 

Porque no existen dudas de que Djokovic subió a la cima para quedarse, no para ser un visitante ocasional que vio luz y entró. Tiene todo para lograrlo, tendrá que luchar a brazo partido con un gladiador brillante que se aferrará al trono y con otro que parece imbatible.

 

Será la madre de las batallas y parece sólo cuestión de tres. Lo cierto es que un monstruo ha despertado y puede volverse incontenible.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP