Deportes 01-03-2008 – 575 Palabras

(Nalbandián)

 

GOLIAT EN EL BUENOS AIRES

 

En esta ocasión, David mostró otra cualidad por encima de su innegable talento: un gran espíritu de lucha para levantar partidos desfavorables. Así, fue toro en rodeo propio para llevarse la Copa Telmex disputada en Buenos Aires.

 

También mostró Nalbandián la concentración y seriedad que suelen aparecer en los torneos de Grand Slam, la Copa Davis y los Master Series y que no dicen presente con tanta asiduidad en las competiciones menores. De hecho, nunca había tenido grandes actuaciones en esta competencia, ya propia del Buenos Aires Lawn Tennis Club.

 

Su camino hacia el título tuvo demasiados sobresaltos, en especial frente a los italianos Fognini y Starace, a priori inferiores al cordobés pero con planteamientos perfectos, de esos que complican a David por la variedad de los golpes y los cambios de ritmo y peso de pelotas que impiden que tome la iniciativa en el juego.

 

La excelente noticia fue que el ahora número 8 del mundo luchó y defendió con denuedo cada pelota para continuar avanzando en Buenos Aires. También que mostró un excelente estado físico, que permitió que jugara partidos largos y pudiera definirlos sin los inconvenientes que su cuerpo suele mostrar cuando no se encuentra bien entrenado.

 

La final ante Acasuso fue el broche perfecto para una semana que tuvo al sudor como compañero predilecto. Primer set para Chucho y a remar para contrarrestar a un rival duro, que juega pelotas pesadas y que no se movió un milímetro de su táctica de jugar al drive profundo intentando quitar ángulos a la magia del unquillense.

 

En un segundo set a cara de perro, David mostró su habitual solvencia para ganar en un tie break en el que parecía que dejaba el título en manos del misionero. Paradigmático fue un punto en el que Acasuso atacaba con sus habituales mandobles y David corría como poseído en busca de cada pelota. Sí, defendía con dientes apretados para ganar un punto importante.

 

Después llegó la consagración y el relax para un tenista que completó su misión de cumplir con las expectativas que todo primer clasificado despierta en cualquier competencia: el ranking indicaba que tenía que acabar la semana sonriendo y así fue, aunque no con sus armas habituales, esas que aparecieron en todo su esplendor en la semifinal ante Chela.

 

Partido para poner en un cuadro; 6-1, 6-2 apabullante, con todo el repertorio de un Nalbandián iluminado. Única tarde de brillo y esplendor, pero suficiente para mostrar que su talento + esfuerzo + entrenamiento lo convierten en un jugador temible, capaz de jaquear a cualquiera en cualquier superficie.

 

Insoslayable la importancia que tienen Jaite, su entrenador, y Cao, su preparador físico, en el renacer comenzado a fin del año pasado que busca como objetivos máximos la Copa Davis, los Juegos Olímpicos y la gloria eterna de algún Grand Slam.

 

Pasó un torneo de excelencia, ya en los huesos de la coqueta Buenos Aires, con público de sobra y glamour asegurado.

 

Con tenis de excelente nivel, en el que sobresalieron la potencia intacta de Calleri, el corazón de Mónaco, la pinta de actor de Charly Moyá, la desfachatez de Fognini (a tener en cuenta para el futuro), la solidez de Acasuso, las ausencias de los ¿ex? Coria y Gaudio, y, especialmente, la presencia del mejor jugador argentino en muchísimos años: David Nalbandián, genio, figura y también obrero en overol para lograr una victoria obligada.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP