Deportes 08-03-2008 - 575 Palabras

(Riquelme – Verón)

 

EL TOPO GIGIO Y EL SEÑOR JUAN SEBASTIÁN

 

Los diarios dominantes pusieron en el tapete una polémica apasionante: ¿Quién es el mejor jugador argentino del momento? Obviamente, las intenciones profundas eran crear controversias entre diferentes actores para después realizar lecturas acerca de internas, rencores, odios y amores.

 

Algunas respuestas obligadas, de rigor, para no quedar mal, dijeron Ortega, pero las preferencias se dividieron entre JR Riquelme y JS Verón, figuras dominantes, excluyentes de Boca Juniors y Estudiantes de La Plata, respectivamente. Elección cantada, casi de cajón, que muestra la preponderancia de las dos estrellas principales del fútbol criollo.

 

Ahora bien: ¿Es posible la comparación entre ambos? ¿Cómo determinar quién es mejor? Una primera aproximación indica que los dos manejan a su antojo, no sólo aquello que sucede dentro de la cancha, sino las realidades de los planteles que integran y hasta, más en el caso de JS, la política de cada club.

 

Lo que realmente importa es donde corre la pelotita y ahí puede decirse que ambos son imprescindibles para el juego de sus equipos. Riquelme es quien maneja la batuta de Boca de media cancha en adelante; cuando él no funciona, los xeneizes se pierden, igualan su nivel al de cualquier otro equipo. Verón es el director de orquesta de todos; marca, ataca, defiende, es un todocampista; cumple a la perfección la misión magistralmente definida por Simeone: es un unidor de líneas.

 

Riquelme es más desequilibrante en los últimos metros de la cancha con su pegada y sus pases punzantes que dejan mano a mano a los delanteros. Tiene, también, más gol que la Brujita. Verón cumple a la perfección la función de doble cinco: es la salida obligada de su conjunto, decide cuando jugar frenar, cuándo acelerar, toca de primera y ordena a su equipo; es el termómetro de Estudiantes.

 

Elección difícil que puede solucionarse emulando a Salomón: para Boca, Riquelme; para Estudiantes, Verón.

 

Hilando un poco más fino, la Bruja es más completo, maneja todos los aspectos del juego, tanto en defensa como en ataque. El émulo de Gigio es más decisivo, puede ganar un partido en un segundo con alguna genialidad, pero poco aporta en el aspecto defensivo.

 

Una diferencia puede darse en que es más difícil encontrar un jugador como Riquelme que hacerlo con uno como Verón. Aquél es una especie en extinción, mientras que éste puede ser formado y adquirir sus características con mucho trabajo y esfuerzo.

 

Quien optó, sin decirlo, por uno de los dos fue Basile en la selección. Tomó a Riquelme como estandarte y dejó a Verón en un segundo plano. De hecho, en la cancha, la Brujita jugó tirado a la derecha sin tanta preponderancia en el armado del juego y fue cambio casi obligado en todos los partidos de la Copa América. Román, en cambio, lo hizo en su puesto habitual de enganche y se transformó en amo y señor de las aspiraciones blanquicelestes. Jugaron juntos, pero el Coco otorgó preponderancia al 10 auriazul

 

La discusión puede eternizarse para no llegar jamás a una elección. Si hubiera que elegir a uno de los dos en un partido de amigos, una elección personal y arbitraria diría Román, por sentido estético del juego y porque no hay otro como él.

 

La pregunta que queda en el aire es si existe la posibilidad de que convivan en el mismo equipo, la selección, aprovechando lo mejor de ambos. Basile tiene la respuesta.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP