Deportes 22-03-2008 - 594 Palabras

(Fútbol – Violencia)

 

HIJOS DE …

 

Muertes en Salta, en Buenos Aires, en Mendoza. Batalla campal en las inmediaciones de la cancha de Boca. Según el señor Ministro Aníbal Fernández y los chicos de la AFA, esta violencia no tiene que ver con el fútbol, sino que es atribuible a la sociedad.

 

No da para la risa, es para un llanto prolongado, por rabia, impotencia, dolor, por la hipocresía reinante, esa que hace que después del asesinato de Emanuel Álvarez, el hincha de Vélez acribillado de un balazo cuando se dirigía en colectivo a la cancha de San Lorenzo, se jugara la fecha de primera división como si nada hubiese sucedido, porque, como dijo José Luis Meiszner, secretario ejecutivo de la AFA, “suspender la fecha era rendirse al crimen. No queremos que la delincuencia le gane al fútbol”.

 

Endílguele el epíteto que quiera a este buen señor y quedará corto. Increíble que suelte esa frase tan suelto de cuerpo y más aún que nadie diga nada, que la opinión pública no pida a gritos que este muchacho renuncie a todos sus cargos para dirigirse a vivir al medio del Amazonas rodeado de pacíficos caimanes.

 

Pero es utópico, porque el circo debe continuar para seguir alimentando a demasiadas bocas, a muchos corruptos, sinvergüenzas, farsantes, inescrupulosos, carroñas, delincuentes, asesinos, ladrones, desfachatados. A todos esos que han convertido a un hermoso deporte en un oscuro negocio que ya se ha cobrado 228 muertes, según la ONG “Salvemos al fútbol”, desde el inicio del profesionalismo en la década del 30.

 

Todo está podrido y perdido, por más que Castrilli pondere los avances realizados, de la mano de la inteligencia y la tecnología. Porque no se puede cortar todas las cabezas de la hidra, porque salen otras con más fuerza y desparpajo. Tal como sucede en la interna de la barra brava de Boca después de la detención de Rafa Di Zeo.

 

La feroz pelea del domingo es sólo un preludio de lo que viene por el dominio de los enormes recursos que maneja “la 12”. Porque los barras siguen siendo la fuerza de choque de políticos, gremialistas y demás: aprietan gente, aglutinan para los actos de “sus jefes”, son piezas indispensables en el negocio del narcotráfico. En otras palabras: son elementos necesarios para mantener siempre en el poder a los mismos en una sociedad putrefacta por donde se la mire.

 

En ese contexto, es inexplicable que las hinchadas visitantes no puedan asistir a la cancha en las categorías de ascenso y sí puedan hacerlo en la primera división. La respuesta es simple: si esto sucediera, se quitaría una importante fuente de ingreso por venta de entradas a esos hijos de buena madre que disfrazan de pasión sus actividades delictivas. De hecho, la prohibición en el Ascenso de asistir a los visitantes ha funcionado como barrera contra la violencia, al punto de que no se contabilizan víctimas fatales desde esa decisión.

 

Sin embargo, demasiados se rasgan las vestiduras ante esta determinación porque quita “el folclore del fútbol”. Queridísimos: el supuesto folclore no vale ni un herido, ni hablar de un muerto.

 

El problema principal es que no existe voluntad desde casi ningún ámbito (políticos, dirigentes, policías, jugadores, periodistas) para desterrar este flagelo. Como “todo pasa”, de acuerdo al bueno de Don Julio, estas muertes pasarán al olvido en breve y a comenzar de nuevo.

 

Sólo queda la utopía de que los consumidores del fútbol/negocio se unieran y dejaran de comprar un producto maloliente y asesino. Y es sólo eso, una utopía inalcanzable. Hasta la próxima víctima.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP