Deportes 10-05-2008 - 589 Palabras

(Libertadores – River)

 

METIÓ LA COLA

 

Personas con sensibilidad especial murmuran, susurran, que el jueves 8 de mayo por la noche percibieron una presencia maligna, del Averno, en el Monumental. Algunos redoblan la apuesta y cuentan que vieron a Ramón Ángel Díaz estrechar la mano de un sujeto sombrío que mostró una sonrisa estremecedora y ojos rojo sangre después de sellar el trato con el pelado más famoso.

 

A los 20 minutos del segundo tiempo del partido de vuelta de los octavos de final de la Libertadores, a San Lorenzo le acababan de tallar el R.I.P. en la lápida. Dos a cero abajo con un par de hombres menos, el Ciclón comenzaba a transformarse en carne de gusano, la historia parecía concluida ante un River que había sido más inteligente para disputar un partido con magma, ríspido, desleal, un Gobierno vs Campo en una cancha.

 

La ilusión de la esquiva Libertadores se perdía en el año del centenario, sólo alguna ayuda sobrenatural podía dar vuelta la historia. Perdido por perdido, el Cuervo se adelantó unos metros, enterró sus complejos, disfrazó de Superman a Bergessio para empatar en cuatro minutos y trasladar el nerviosismo a un equipo millonario que pasó del éxtasis a la agonía sin siquiera darse cuenta.

 

Se habló de la falta de fibra y de factor H de los dirigidos por Simeone, pero el déficit más pronunciado puede resumirse en la palabra oficio, virtud de la que carecieron los de la banda roja cuando tenían la serie servida en bandeja, cuando era cuestión de hacer circular la pelota para provocar el ole de la tribuna y el ataque de nervios del rival.

 

Faltó inteligencia para leer el encuentro, cinismo para apuntar a un adversario que salió al descampado con el corazón abierto, sin escudos.

 

Quizás, la sabiduría de su entrenador para hacer ingresar en ese instante a Ortega, jugador sin resto físico, pero con suficientes batallas en el lomo para entender aquello que el partido pedía en el momento en que todo sonreía. De todos modos, fácil es brindar alternativas con el diario del otro día.

 

Ya se desató la carnicería que pide la cabeza del Cholo, de los jugadores, los dirigentes y cualquiera que tenga algo que ver en el mundo River. Otra vez fuera de la Copa, con el agregado de haber sido derrotados por Ramón, D´Alessandro, Placente y otras figuras añoradas.

 

Se suman la caída ante Boca y la clasificación bostera a cuartos de final del torneo continental. Demasiados aditamentos para seguidores que disfrutaban una vida deportiva color de rosa hasta hace pocos días.

 

Sólo queda parar la pelota, respirar hondo y dejar que un muy buen técnico como Simeone recomponga un desaguisado que él no engendró.

 

Quien debe gozar lo inimaginable es el pícaro riojano, un pillo de aquellos que se da el lujo de coquetear con su gran amor sin ser despreciado por los sanlorencistas que ya lo han subido a sus altares.

 

Ramón Díaz, cual diplomático brasileño, habló con prudencia, sin revanchismo contra quienes lo echaron de la banda. Anotó otro poroto para asegurar su indefectible vuelta cuando Aguilar y compañía abandonen el barco millonario.

 

Como ha sucedido a lo largo de su carrera deportiva, el Pelado mostró que la suerte es una aliada menor, porque conoce el mundo fútbol como pocos y posee un don especial para armar grandes equipos y motivar a sus jugadores.

 

Sin embargo, la sospecha es fuerte; muchos aseguran que el martes 8 de mayo ofreció su alma al Señor de la Oscuridad.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP