Deportes 17-05-2008 - 568 Palabras

(Boxeo)

 

EL HURACÁN CHUBUTENSE

 

No debe ser fácil igualar el récord de un mito. Mente, corazón, agallas, esfuerzo deben sobrar para acercarse a Carlos Monzón, ícono indiscutible del boxeo en Argentina.

 

Tampoco es sencillo ser comparado con Pascual Pérez, aquel pequeño gigante que ganó la medalla de oro en Londres 48 y fue campeón del mundo entre 1954 y 1960. O con Santos Benigno Laciar, cordobés corajudo que paralizaba al país en la década del 80 con batallas memorables.

 

Un chubutense chiquito, tranquilo, perfil bajo, llamado Omar Narváez ha logrado todo esto y va por más, quiere llegar a defender su título por decimocuarta vez y, así, alcanzar las defensas de Monzón. El nocaut técnico en el octavo asalto ante el español Iván Pozo, en Vigo, fue la última función brindada por el campeón mosca de la OMB.

 

“Estar a una sola victoria del récord de un mito como es Carlos Monzón en un honor, un incentivo y un plus de motivación para seguir trabajando y luchando. Ahora sólo espero que las lesiones me respeten y pronto pueda igualar y superar esa marca de catorce defensas victoriosas, que sería una alegría enorme para mí”, dijo el “Huracán” después de la faena en tierras visitantes.

 

Las lesiones son la mayor preocupación de Narváez, ya que se ha fracturado dos veces la mano izquierda, incluso en pleno combate. El físico es el principal interrogante que debe superar el nacido en Trelew para entrar en la historia grande del boxeo criollo y soñar con llegar más allá de las 18 defensas realizadas por el tailandés Pongsaklek Wonjongkam, récord absoluto en peso mosca.

 

Campeón desde junio de 2002, cuando obtuvo el título ante el nicaragüense Rivas, este sureño de 32 años y gramos más de 50 kilos, no ha dormido sobre lecho de rosas en su carrera: en 2005 se quebró la mano en un accidente automovilístico en la ciudad de Córdoba y tuvo que ser operado para poder recuperarse para continuar su carrera profesional. Esto hizo que casi perdiera su corona por el tiempo transcurrido sin pelear.

 

Luego, las diferencias entre sus apoderados, Osvaldo Riveros y Mario Marjosian, provocaron serios problemas para programar sus combates. Superó estas vicisitudes para quedar a un paso del gran altar.

 

Velocidad de piernas, frialdad, dominio del ring y gran conocimiento del rival de turno son las grandes virtudes de este atleta, con poca prensa, ídolo aclamado en su provincia, al punto que su gobernador, Mario Das Neves, pidió encarecidamente que la defensa del posible récord no se lleve a cabo en el Luna Park, sino en Chubut, mejor en su Trelew natal.

 

Lo de Narváez es un oasis en el cuasi (gracias Kristina) momento de terror en el que está inmerso el box argentino. Sin profesionales destacados, con nula presencia en el ámbito amateur que se desempeñaré en Beijing, el deporte de los golpes se encuentra en su peor etapa en muchos años.

 

Sólo una restructuración profunda que renueve aires a nivel dirigencial y de entrenadores podría hacer reverdecer una actividad que cuenta con numerosos fanáticos en todo el territorio nacional. Cuestión compleja por la falta de un plan orgánico que pueda, para comenzar, detectar talentos para conformar un semillero inexistente en estos tiempos.

 

Mientras tanto, el Huracán continúa soplando, cada vez más fuerte, para llevarse por delante los récords que lo depositen en la historia grande del boxeo argentino.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP