Deportes 24-05-2008 - 563 Palabras

(Manchester)

 

AZUFRE EN MOSCÚ

 

Veintidós años y monedas como técnico, más de mil partidos dirigiendo al mismo equipo, veinte títulos en sus alforjas, Sir Alex Fergusson vive una vida bella con la Liga de Campeones obtenida por su Manchester United tras vencer por penales al Chelsea en la increíblemente lluviosa Moscú.

 

No existen antecedentes en el mundo de un técnico dirigiendo al mismo equipo durante tantos años. Tampoco una identificación tan inmediata entre un apellido y una institución: decir Fergusson es decir Manchester, y viceversa.

 

Casi despedido por una mala campaña a fines de los ochenta, el duro escocés armó sus epopeyas a base de conocimiento futbolístico, manejo férreo de grupos y una búsqueda constante del arco rival. Manchester golpea, presiona, machaca para obtener más goles que el adversario.

 

Así llegaron las victorias que reafirmaron la leyenda creada en los 60, generaron ingentes recursos que posicionaron a la institución como la más rentable y poderosa del planeta.

 

Manchester campeón de Europa, los diablos rojos en la gloria, con un argentino como protagonista.

 

Carlos Tévez reafirmó su condición de ganador indiscutible con datos que estremecen: ha obtenido títulos en todos los equipos donde jugó; se ha consagrado en cuanta competición, a nivel clubes, ha disputado; es sacerdote, profeta, rey, en tierras que poco simpatizan con la celeste y blanca como Brasil e Inglaterra.

 

Torneos locales, Copa Libertadores, Copa Sudamericana, Champions League, Copa Intercontinental conforman un palmarés inmaculado al que sólo le faltan la Copa América y un Mundial con el seleccionado para cantar bingo.

 

Algunos detalles realzan la importancia de Carlitos en el nuevo campeón: jugó los 120 minutos de la final, mientras intocables como Rooney o Scholes fueron reemplazados, y pateó el primer penal de la serie, símbolo de la confianza que Fergusson tiene en el temperamento y la calidad del argentino.

 

Mostró el apache, también, que su madera es ideal para estas finales, ya que jugó con el cuchillo entre los dientes sin perder la típica habilidad que lo caracteriza.

 

Con sólo 24 años, Tévez ha demostrado un temperamento ideal para ser uno de los líderes del equipo imaginado por Basile para conquistar parajes sudafricanos.

 

La final se desarrolló bajo las características del típico juego inglés: ritmo alocado, presión continua, poca pausa, elaboración en cuentagotas, lucha encarnizada por los rebotes. El empate fue justo, aunque Chelsea contó con oportunidades de gol más nítidas.

 

La lotería de los penales (¿no será hora de buscar otra manera de definir, quizás otro partido a las 48 horas?) dijo Manchester, ciudad industrial que vive, respira y siente por la suerte de su amado club.

 

Las lágrimas desatadas de un duro como John Terry fueron la imagen perfecta de la importancia de este torneo, el más espectacular a nivel clubes. El inglés no podía con su desconsuelo después de fallar el penal que hubiera entregado la victoria al Chelsea.

 

El eterno Van der Saar se vistió, luego, de Goycochea para dar al Manchester United su tercer título en este deseado campeonato y el pasaje a Japón para el Mundial de Clubes de diciembre.

 

Allí, tal vez, se haga realidad la pesadilla de Carlos Tévez de jugar en contra de su amado Boca. Falta todavía, aunque el andar xeneize promete y mucho.

 

Independientemente de duelos morbosos futuros, la histórica Moscú vivió en carne propia el olor a azufre dejado por un diablo exultante.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP