Deportes 28-06-2008 - 574 Palabras

(Mundial 78)

 

TREINTA AÑOS

 

El 25 de junio que pasó se cumplieron 30 años de la final Argentina-Holanda del Mundial 78. El fútbol argentino entró en la historia grande, se dejó de lado el molesto galardón de “campeones morales”. Casi un país entero salió a la calle a festejar una victoria lograda con el esfuerzo, el talento, el trabajo concienzudo de un grupo de jugadores y un cuerpo técnico ejemplares. Es un hito insoslayable del deporte argentino, el punto de quiebre desde donde el fútbol de estos lares comenzó a ser grande, pero es muy difícil separarlo del contexto histórico que asfixia, angustia.

 

Porque la Argentina estaba desgarrada por una represión militar que cortaba la vida de personas, en especial jóvenes, que eran torturados mientras se gritaban goles con pasión. Porque la competencia fue utilizada por los militares para reforzar su esquema de dominio y asentar con más fuerza su poder omnipotente. Además de realizar un gran negociado, al punto que se gastaron 512 millones de dólares. Cuatro años más tarde, en España 82 el gasto fue más de tres veces menos (150 millones).

 

Sin embargo, es indispensable el ejercicio de separar la paja del trigo para no culpar a quienes no deben ser culpados, ni hacerse un harakiri como pueblo por haber disfrutado de una competencia deportiva en medio del infierno.

 

Si se repasa el plantel de jugadores albicelestes dirigidos por Menotti no puede menos que concluirse que eran absolutamente ajenos a las circunstancias externas que acaecían en el país. Chicos que vivían sus veinte años, concentrados por meses, sólo pensando en aceitar un mecanismo futbolístico que los llevara a lograr su obsesión por el título. De hecho, si se repasan entrevistas de aquella época se advierte la ingenuidad de casi adolescentes que contestaban con balbuceos, avergonzados y abrumados por tanta expectativa.

 

Es imposible pensar que sabían que eran utilizados por una maquinaria asesina.

 

Refuerza esta línea de pensamiento el hecho que indica que una gran mayoría de los argentinos tampoco sabía aquello que en realidad sucedía. Difícil de entender, pero es necesario intentar comprender la situación, no con ojos actuales, sino en aquella sociedad de los 70, inmensamente menos informada que la de hoy y consumidora de medios de comunicación que sólo mostraban las bondades del régimen.

 

Sólo repasar titulares de diarios y noticieros sirve para constatar la dificultad en conocer algunas verdades.

 

Fue lógico y natural que un pueblo fanático del fútbol festejara e hiciera propia una fiesta, que es bueno decirlo, se planeó antes del golpe militar de marzo de 1976. Algunos habrán conocido la situación que vivían otros compatriotas a metros de los estadios y la euforia, pero fueron una minoría y, aún así, también se emocionaron y gritaron los goles de Kempes, Bertoni y compañía. Como lo describe, en un artículo imperdible de Clarín, Osvaldo Pepe, periodista que lloró de emoción en el Monumental por la victoria ante Holanda mientras un hermano estaba desaparecido. O quienes estaban apresados en la Esma y vivían expectantes los ruidos del cercano estadio de River.

 

Es bueno, entonces, celebrar el logro deportivo, obtenido con todas las de la ley por más que se quiera ensuciar la goleada ante Perú, y homenajear a los gladiadores que dejaron la piel en el césped. Se debe, asimismo, recordar el contexto en el que se produjo para aprender de la historia y no volver a repetirla.

 

Han pasado treinta años, ¡Salud, campeones!

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP