Deportes
02-08-2008 - 577 Palabras
(Olimpiadas)
DIFÍCIL, BIEN DIFÍCIL
“Estados
Unidos y España son los máximos candidatos al oro. Hoy, estamos lejos de una
medalla”, vacunó sin anestesia Ginóbili al ser consultado por las aspiraciones
argentinas de renovar el mágico oro de Atenas 2004. La declaración fue hecha
después de las tres derrotas consecutivas en España, dos ante el local y una
por paliza ante Lituania, rival en el grupo de los Juegos.
El título en
la Diamond Ball brindó aire en vistas a lo que viene, pero la ilusión dorada
parece complicada, bien difícil en vistas al tremendo nivel que está mostrando
el Dream Team y los temibles españoles.
Sin embargo,
la principal preocupación aparece por las falencias que se observan en una
Argentina que no le encuentra la vuelta a ciertos aspectos del juego en los que
apoyó su despegue internacional de 2000 a esta parte.
La defensa
es una luz roja que titila sin pausas debido a los desacoples en las ayudas y
los desbalances frente a contragolpes rivales. Demasiados puntos en contra en
los partidos preparatorios muestran a las claras que la principal arma en la
que se apoyaron antiguas gestas no termina de afianzarse en este grupo.
En el mismo
tópico se encuentra la dificultad en tomar rebotes en ambos canastos, falencia
repetida en estos encuentros previos, mortal si se repite ante rivales de
fuste.
Las pérdidas
de balón completan el combo de preocupaciones, a pesar de haber bajado la
cantidad en el torneo ganado en Nanjing. En resumen, aspectos indispensables
del juego deben mejorar sustancialmente para aspirar a luchar por una presea.
La frutilla
es la falta de recambio de los seis jugadores consagrados, ya que el
rendimiento merma notablemente cuando Ginóbili, Oberto, Nocioni, Prigioni,
Scola o Delfino no están en cancha.
La falta de
Pepe Sánchez y Walter Herrmann es una daga clavada en el pecho de Sergio
Hernández, técnico que debe suspirar de noche por sus ausencias.
No todo son
espinas, sino que existen rosas que se relacionan con el impresionante amor
propio de un grupo de estrellas que, se nota, juegan por amor a la camiseta y
con el compromiso por obtener un poco más de gloria.
En cuanto al
desempeño en el parquet, se han producido mejoras ostensibles en el rendimiento
individual, en especial del Manu, recuperado de la lesión en su tobillo, arma
fundamental para momentos calientes. Oberto, Nocioni y Prigioni han mostrado
una notable evolución en estas semanas, pero “el hombre” de este seleccionado
es Luis Scola, gigante en ambos tableros, feroz en defensa y vía número uno en
ataque, como lo demostró en la final ante Australia cuando se transformó en el
motor de una impensada recuperación, después de 19 puntos abajo con el ataúd
casi cerrado.
Más
importante aún, la química del equipo se mantiene intacta, es ostensible la
falta de divismos y la relación de amistad entre hombres hechos y derechos, que
se han formado juntos y se divierten con la convivencia. También el oficio
necesario para no dejarse llevar por delante cuando de los porotos se trate y
aprovechar el talento indiscutible de sus luminarias para vencer en encuentros
cerrados ante rivales de menor experiencia.
Así, el
seleccionado de básquet buscará reverdecer unos laureles conseguidos en el
nuevo milenio y que costaron litros de sudor. En esta ocasión, la empresa
parece más dificultosa que otrora. Seguro es que lo intentarán, como siempre,
con la dignidad y amor por la camiseta acostumbradas.
Manuel Álvarez Oliva
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP