Deportes 09-08-2008
- 567 Palabras
(Beijing)
CONTRASTES
El ser humano es capaz de crear/inventar/producir lo bueno y lo malo, lo trágico y lo sublime. Guerras mundiales mezcladas con obras artísticas eternas; asesinatos en masa con cuestiones solidarias increíbles; torturas sistemáticas con gestos de desprendimiento; millones de pobres, sólo sobreviviendo, con acontecimientos deportivos históricos.
Contrastes que sorprenden, hieren en ocasiones, son un bálsamo en otras; marcan, en definitiva, esa dualidad que hace oscilar a los hombres entre las categorías ángeles-demonios.
Los Juegos Olímpicos en Beijing, o Pekín de acuerdo a si se utiliza la supuesta pronunciación china, son una muestra de aquello. Una organización fastuosa, obras monumentales, organización perfecta en un régimen que mantiene en la indigencia a una buena parte de su población y viola derechos humanos elementales sin siquiera un mero sonrojo.
Allí se lleva a cabo el mayor acontecimiento deportivo de la historia, un hito donde rigen altos valores olímpicos que en la vida cotidiana china cuestan observarse. Situación repetida a lo largo de la historia en diferentes eventos que se llevaron a cabo en países con gobiernos dictatoriales.
A vuelo de pájaro, con la posibilidad de olvidar, vienen a la memoria los Juegos en Berlín de 1936, en Moscú en 1980, en Seúl 88; el Mundial en Argentina 78, etc. Sin embargo, el acontecimiento en si puede significar un avance para los habitantes del país.
Por ejemplo, cuentan desde el hogar de la gran muralla que se ha producido una apertura a páginas de Internet prohibidas en el pasado. Se abren rendijas donde puede entrar aire, se produce una apertura hacia el mundo que puede significar pasos adelante.
Todo es gigante en estos Juegos. Como esa China de 1200 millones de habitantes y ciudades kilométricas. Como la ceremonia inaugural que comenzó a las 8:08 P.M. del 8/8/08 y fue planeada al centímetro ya que ese número es símbolo de la buena fortuna. El colosal estadio El Nido albergó, durante 3 horas, un impresionante espectáculo donde 160 mil personas se asombraron con los símbolos de la cultura china desplegados en la ceremonia inaugural. Más de 14 mil artistas en escena, cerca de 15 mil petardos dentro del estadio y otros tantos en la ciudad, más de 15 mil tipos de vestidos, un dragón de 3.5 kilómetros formado en el cielo. Olimpíadas king size made in China.
Independientemente del contexto político, social y económico, el mundo del deporte vive su máxima fiesta. Doscientos cinco países estarán pendientes de sus atletas; algunos en busca de medallas; otros, sólo con la intención de participar en un evento que los marcará hasta la tumba.
Grandes estrellas mezcladas con deportistas amateurs que gastan lo poco que tienen para llegar a la máxima cita. Todos conviviendo juntos en una Villa Olímpica que alberga sueños que vienen desde la cuna.
Es verdad que es un negocio que ha crecido descomunalmente y que es ingenuo pensar que todo sea limpio y transparente. Pero lo es también que existe un espíritu especial que hace que los verdes no interesen tanto como la gloria. De hecho, los deportistas consagrados suelen resignar intereses propios (preguntar a Messi, Ginóbili, etc.) sólo por la posibilidad de colgarse una medalla en el pecho.
Bienvenidos a Beijing 2008, la mayor fiesta que el deporte puede ofrecer. Óptimo sería que el mundo disfrutara por televisión, sin olvidar e intentando hacer algo para que los habitantes vernáculos mejoren su calidad de vida.
Manuel Álvarez Oliva
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Agencia MP