Deportes 13-09-2008 - 599 Palabras

(Selección – Fútbol)

 

TEMPESTADES

 

Los empates entre Brasil-Bolivia, Finlandia-Alemania, Perú-Argentina en una misma fecha de eliminatorias confirman aquello de que ya no hay rivales fáciles a los que se vence con la camiseta. También que el fútbol se ha igualado para abajo y, principalmente, en Sudamérica es difícil deleitarse con estos partidos. Son batallas en las que el juego queda de lado porque se privilegia la pierna fuerte, las patadas criminales y el no perder sobre todas las cosas.

 

En este contexto, la Argentina está viviendo su propio purgatorio con la peor racha de encuentros sin ganar por eliminatorias. Cuatro puntos en cinco partidos han complicado el camino de rosas que comenzó con tres victorias consecutivas y desembocaba manso en Sudáfrica 2010.

 

Los choques vs Paraguay y Perú confirmaron el mal momento que vive el equipo de Basile. Sólo 30 minutos aceptables de los más de 180 jugados demuestran la crisis de un conjunto que es testigo de que sin trabajo es imposible pretender un rendimiento armónico.

 

Con cuestiones demasiado preocupantes como la falta de peso ofensivo y factor H que se observaron en el Monumental y, en especial, en Lima. No más de seis remates al arco en ambos enfrentamientos son irrisorios por la cantidad y calidad de exponentes ofensivos.

 

Riquelme-Messi-Tévez/Agüero quedan demasiado aislados de sus compañeros. Son marcados sin tapujos, con ferocidad, y no encuentran la fórmula para herir. Sólo en el segundo tiempo ante los guaraníes se produjo un volumen de juego que permitió el gol del Kun y varias situaciones ante el arco de Villar.

 

Ante el aguerrido/criminal conjunto incaico se vio lo peor de Argentina en años (décadas tampoco sonaría exagerado) con un agregado hiriente: la falta de ganas sumada a la displicencia de algunos que enfurecieron a más de un espectador trasnochado. Porque en la noche limeña, el trotecito de Riquelme, la obstinación de Messi en la individual, la imprecisión de Cambiasso/Battaglia/Zanetti/Denis, sólo por mencionar al azar, exasperaron al más paciente, aún a aquellos moderados que intentan encontrar algo de agua en el vaso.

 

Imposible realizarlo en la madrugada del jueves con la lamentable producción albiceleste que dejó agrandar al peor Perú que se recuerde. Sólo con ganas, patadas y Vargas los albirrojos llegaron a un empate merecido, pero insólito por cómo llegó. Cuarenta y siete minutos del segundo tiempo con la pelota para Argentina en el córner peruano, Messi la pierde y Vargas se disfraza de Superman para correr ¡ochenta metros! sin que nadie atine, por lo menos, a empujarlo para cortar la jugada.

 

Horror de equipo amateur de veteranos, inaceptable en el ámbito profesional, menos en un seleccionado de primer nivel. Error que hace volver a casa en un Mundial. Otra falencia a corregir, urgente porque el peligro acecha. Como la conducta de Tévez que provocó su segunda expulsión consecutiva en un primer tiempo. Es hora de que Carlitos entienda que debe jugar cerca del área para buscar, casi con obsesión, el gol. Tirarse al piso, raspar, transpirar para la tribuna no son sus prioridades, sino agregados a su función de definidor de jugadas.

 

Como dijo el genial ruso Verea, el Apache no le debe nada al pueblo.

 

Poco positivo a destacar. Quizás el acierto en los cambios de Basile ante Paraguay con uno menos. O la firmeza defensiva de Demichelis, Coloccini, Díaz y la requetecontra confirmación de Mascherano como único indispensable. Lo demás, poquito y nada.

 

Difícil, casi imposible, pensar en el Mundial sin la Argentina. Pero es hora de un golpe de timón que saque al barco de una tormenta inesperada pero que hace zozobrar al portaviones Coco.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP