Deportes 27-09-2008
- 586 Palabras
(Tenis)
A POR ELLOS
David fue contundente, sin anestesia: “Jugar en polvo ante los españoles es ir la muerte”. Sus palabras demuestran cómo será de bueno Nadal que la Argentina jugará como local en la Copa Davis en una superficie distinta al polvo de ladrillo por primera vez en su historia. Sería un suicidio ensuciar las zapatillas de naranja ante el Terminator español, número uno del mundo y mejor jugador de la historia sobre clay.
Cuando aún resuenan las polémicas por la ciudad, el lugar, el estadio y la superficie para recibir a los españoles en noviembre, es tiempo de preparación de una serie que será más peliaguda que la casi infartante ante los rusos. Sin dudas que la carpeta sintética en un escenario techado es la mejor opción para disminuir las chances de Rafa y potenciar las posibilidades de Nalbandián y Del Potro.
A pesar de las presiones para que el Parque Roca continuara como sede de la localía, la opinión de jugadores y cuerpo técnico pesó ante algunos dirigentes con el cuchillo en la garganta por parte de sponsors, políticos y establishment en general. El estadio cerrado aísla del calor veraniego, permite un mejor control de pelota y, en especial, hace un infierno la presión de la gente, protagonista esencial para levantar ánimos en caso de problemas o apaciguar la interminable energía de Nadal, Ferrer, Robredo y López.
El tema de la ciudad elegida es menor, ya que el fervor está garantizado en cualquier latitud. Aunque sería destacable que un lugar distinto a la siempre presente Capital reciba un espectáculo de tamaña importancia.
De todos modos, imposible no mencionar las muñecas políticas (Cris, Mauri, Dani, Juancito Campo, etc.) que buscan llevar agua para su molino y perjudicar a otros. Una foto con la ensaladera y el campeón no puede ser desaprovechada.
Sin embargo, todas esas cuestiones serán secundarias si el nivel tenístico argentino no llega a la categoría superlativa, única manera de derrotar al mejor equipo, por lejos, que se puede poner en los papeles.
El número 1 y el 5 del mundo en singles, ambos adaptables a cualquier superficie, son listones demasiado altos para pretender superarlos con un 7. Sólo un 10 sobresaliente puede hacer realidad la obsesión por la ensaladera.
La buena noticia es que hay con qué por la estirpe copera de David y la explosión de Juan Martín, maremoto indispensable para hundir a la Armada Española. Será vital el armado de un doble confiable que pueda otorgar un punto de oro en vistas a una serie no apta para cardíacos.
En los singles puede suceder cualquier cosa a pesar de que el año de Nadal indique que habrá que sudar la gota gorda para vencer al manacorí. Ferrer será el hueso a roer; muy difícil por la versatilidad y espíritu de un verdadero gladiador que, entre otras cosas, tiene un historial a favor ante Nalbandián. También un estilo de juego que aprovecha al máximo cualquier distracción o laguna.
Dos meses son una eternidad en el ajetreado circuito de la ATP. Master Series y el Master en Shangai serán citas de Nadal, Ferrer y, tal vez, Del Potro.
Lesiones, cansancio, jet-lag pueden condicionar la tercera final en la historia de la Argentina. Falta tiempo, sobran ganas; la expectativa es enorme, la ilusión crecerá con los días hasta transformarse en una olla a punto de explotar. El sueño está cerca, falta el último paso. Como dicen los españoles cuando quieren motivar a sus jugadores: “A por ellos”.
Manuel Álvarez Oliva
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Agencia MP