Deportes 18-10-2008 - 578 Palabras

(Selección – Basile)

 

HASTA ACÁ LLEGÓ EL AMOR

 

El Coco se fue porque el hilo siempre se corta por lo más delgado y los técnicos son los primeros fusibles que saltan cuando las cosas no funcionan. Sin embargo, el “Señor de los Códigos” no fue, ni por asomo, el principal responsable de la patética velada en Chile.

 

Porque el hincha genuino de la Selección; ese que quiere que el equipo nacional juegue bien y gane sin otros intereses por detrás, se fue a dormir muy caliente el miércoles a la noche. Porque quienes vistieron la camiseta azul (¿la última cábala?) no tuvieron compromiso, garra, amor propio, reacción, juego, rebeldía u otros atributos necesarios para estar a tono con el fútbol de estos días. Es imposible ser competitivo sin poner el 100% en cada jugada, jugando al trotecito, sin trabar la pelota con todo por miedo a lesiones o quien sabe qué.

 

Argentina jugó el peor partido que se recuerde y perdió el invicto en partidos oficiales ante Chile. Mostró la imagen de un conjunto vencido, sin ganas, displiscente, como la de aquel que cumple un trámite un lunes a las 8:30 de la mañana en un trabajo que detesta. Y en esto poco tuvo que ver el técnico, por más que pueda haber equivocado el planteo táctico o los intérpretes para realizarlo; pero no hay sistema que aguante la desidia de los ejecutores en la cancha.

 

Los dirigidos por Bielsa pasaron por arriba a una de las supuestas mejores selecciones del planeta. Ganaron en las pelotas divididas, en los duelos individuales planteados por su técnico. Brindaron un concierto bielsista en estado puro: presión constante, dinámica arrasadora, pausa inexistente. Los vestidos de rojo jugaron en quinta a fondo contra la tercera relajada de un grupo de hombres que nunca encontró la forma de equilibrar la cuestión.

 

Las individualidades brillaron por su ausencia, con una continuidad que ya es un problema que preocupa. Messi, versión 2008 eliminatorias, nada tiene que ver con aquel que brilla en Barcelona. Sólo ráfagas, cada vez más espaciadas, no son suficientes para uno de los mejores jugadores del mundo. Estático, sumiso, sin buscar espacios, el Pulga parece desentendido, incómodo, en otra sintonía.

 

Agüero tampoco se acerca al todoterreno que deslumbra en Madrid; parece jugar con el freno de mano puesto, sin compromiso.

 

La espantosa noche de Santiago fue el fin de la segunda etapa de Basile en la Selección. Con más pena que gloria, don Alfio no pudo encontrar un verdadero equipo a partir del talento de sus individualidades.

 

Llegó el momento de barajar y dar de nuevo, seguramente con el Checho Batista en el banco y la presencia cercana de Maradona. El aroma de la cocina de Don Julio por detrás es inconfundible. No lo echó, pero su muñeca marcó el camino.

 

Con este golpe de timón, tal vez se disipen las dudas y se encamine la otrora segura clasificación al Mundial. No hay dudas de que se acerca el fin del ciclo con la celeste y blanca de algunos jugadores como Zanetti, Heinze y algunos otros. Llegó el momento de la renovación con apellidos como Zabaleta, Monzón, Di María, Pareja; es decir el núcleo que se colgó la medalla de oro en Beijing.

 

Se fue el Coco, por la ventana. Alcanzará sólo si los jugadores asumen que tienen que dejar todo en la cancha, sin guardar nada, exprimiendo hasta la última gota de sudor. Antes de que sea demasiado tarde.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP