Deportes 01-11-2008
- 587 Palabras
(Selección –
Maradona)
RAZÓN, CORAZÓN E INSTINTO
La razón se rebela, despotrica, brinda razones de peso que indican que Diego Armando Maradona no debe ser el técnico del seleccionado argentino de fútbol. Agrega, la materia gris, que, como IVA, el método y el entramado de tal designación no han sido lo transparente y democrático que deberían.
Nuevamente, y van, Don Julio manejó los hilos a su antojo, con el apoyo/consejo/consentimiento de sus dos hijos (preguntar por Nepote). ¿El Comité Ejecutivo de AFA? Bien, gracias, preparando el sello para aprobar cualquier cuestión que decida el Capo.
El titiritero, entonces, llegó a la decisión: Diego, D.T.; Bilardo, coordinador general o algo por el estilo; Batista y Brown, ayudantes. Vuelta a la generación del 86 para saborear nuevamente las mieles del éxito. Jugada arriesgada del boss que apuesta fuerte en sus últimos años al frente de la AFA, aunque se vea venir que uno de sus hijos lo sucederá en el cargo.
Hace menos de un año, Carlos Salvador hacía público su desprecio hacia las decisiones y las formas de Don Julio. Explicaba, el Narigón más famoso, que quería reemplazarlo en su sillón para comenzar a solucionar los problemas que bajaban de AFA. Menos de doce meses después, Bilardo vuelve al equipo de todos para acompañar al 10 en su gran desafío. Sólo la muñeca de Grondona es capaz de esta hazaña que desactiva a su principal competidor para hacerlo parte del camino de la reconquista de un título mundial.
Maradona llega al lugar por el que muere hace años. Se postuló, hizo lobby, suplicó, chicaneó; todo por lograr su sueño, para agigantar su leyenda.
No tiene experiencia como entrenador; carece del equilibrio necesario para conducir grupos, más uno pesado como el que tendrá enfrente; sus excesos emocionales no condicen con su nuevo cargo; no parece contar con la imparcialidad indispensable para tomar decisiones a favor del todo y no de las partes. Un combo explosivo, argumentan las neuronas para llegar al veredicto: “será un fracaso de grandes magnitudes”.
Pero las imágenes comienzan a ametrallar, y vuelven a emocionar: Diego besando la camiseta como lo haría con sus hijas, jugando con el tobillo como un pomelo, peleándose con cualquier presidente para cruzar el charco aunque sea para un amistoso, llorando como una magdalena cuando le arrancaron la copa del 90 del corazón. Pocos aman la celeste y blanca como él y eso lo transmitirá, lo hará piel en los chicos siglo XXI que la visten en estos días.
La motivación está asegurada; la parte táctica, los entrenamientos, la preparación de los partidos deberá pensarse de una manera colegiada por personas que, aunque pueda no acordarse con sus formas, saben de qué se trata y tendrán en cuenta todos los detalles.
El corazón equilibra, el instinto define. Porque la intuición indica que el happy end puede suceder. Un sexto sentido inexplicable florece para gritar que la leyenda de Diego puede colocar la guinda de la torta. Típico del pensamiento mágico argento, pero sensación fuerte, sin bases racionales, sólo fundamentada en que con el 10 todo es posible.
En menos de un mes retorna a las salas la historia del mito viviente más grande que tiene la Argentina. Con todos los condimentos para transformarse en “el” best-seller. La razón se desgañita, incrédula con una decisión tomada por pocos, para el beneficio de esos pocos. El corazón y la intuición la tranquilizan, ponen paños fríos. Sospechan que esta locura tal vez concluya con una larga fiesta en junio de 2010.
Manuel Álvarez Oliva
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Agencia MP