Deportes 29-11-2008
- 599 Palabras
(Davis)
EN BUSCA DE SANGRE
Parece imposible que en la Argentina las derrotas que duelen puedan tomarse como parte inseparable del deporte competitivo. Cuando no existe la posibilidad de empatar, se puede ganar o perder, no hay otra.
El mazazo de la Davis continúa doliendo y el pase de facturas aumenta, se debe buscar un culpable, hay que demonizar a alguien, no es aceptable haber dejado pasar la oportunidad de alzarse con la Ensaladera.
Allá vamos entonces, con un candidato de fierro: el antipático, prepotente, soberbio David Nalbandián, patrón de estancia responsable del mal clima interno del equipo, mercenario que sólo quería llevarse la plata disponible de la final, monstruo agrede niños de pecho como Juan Martín del Potro, mala persona declarada que ignora a la prensa y deja mal parados a sus compañeros. Y podrían sumarse varias cualidades más, a partir de los comentarios vertidos por estos días en cuanto medio de comunicación pueda imaginarse.
No hay dudas de que David no es una persona dócil, humilde, abierta con el periodismo y amable con el mundo. Es obvio, también, que alguna de sus actitudes no son recomendables, como el helado saludo después de la derrota de Acasuso o dejar solo a Calleri después de la caída en dobles. Pero es malintencionado endilgarle la suma de todos los defectos y señalarlo como gran culpable del Marplatazo 08.
Porque Nalbandián ha sido el bastión de la ilusión argentina de ganar la Davis en los últimos cinco años. Siempre presente (excepto en la serie con Austria como visitante), fue tomando protagonismo hasta transformarse en el hombre insustituible en cuyas espaldas se afianzó el equipo dirigido por Alberto Mancini en las últimas cuatro temporadas.
¿Cómo pretenden, los opinólogos de siempre, que David no tuviera que ver en la designación de los jugadores, la sede, el tipo de cancha, el reparto del dinero? O acaso no sucede en todos los deportes, en casi todos los equipos? Verón en Estudiantes, Ginóbili en el seleccionado, Maradona en todos sus equipos, Milanesio en Atenas, Vilas en su época, Federer en Suiza y millones de muestras más en las que el mejor tiene prerrogativas, decide.
Además, sucede en todos los aspectos de la vida, en cualquier actividad, no sólo en el deporte.
Se han buscado causas de todo tipo para la derrota ante España. Que la serie nació mal parida por los problemas con la sede, los problemas del grupo, los millones en danza que cada uno quería llevarse para su casa, etc. Poco se escuchó acerca de lo principal, lo deportivo: España ganó porque jugó mejor tres puntos sobre cuatro; tuvieron sus jugadores la frialdad suficiente para ganar esos puntos decisivos que definen el destino de un match.
La lesión de Del Potro fue determinante porque con el tandilense en un 100%, el sueño no se hubiera transformado en pesadilla. Los otros temas son secundarios, no hacen a la esencia de la derrota; son sólo carne fresca para intentar vender ensuciando, buscando chivos expiatorios.
Fue, quizás, la caída más dolorosa del tenis argentino en toda su historia porque todo estaba dado para el gran festejo del domingo en la noche. Habrá, seguro, que limar asperezas (en especial entre David y Juan Martín), sentarse a dialogar para no repetir errores, elegir un capitán por consenso entre jugadores y Asociación, y comenzar de nuevo el camino que desemboque en la obtención de la Davis.
Se va a dar, en algún momento, aunque los agoreros de siempre digan que no habrá otra oportunidad igual.
Manuel Álvarez Oliva
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Agencia MP