Deportes 06-12-2008 - 565
Palabras
(Fútbol)
EL QUE NO LLORA NO MAMA
El juego de las presiones comienza a mostrar sus partes más burdas. Nadie
es ingenuo, todos buscan agua para su molino. El fin justifica los medios y
todo es válido para ganar, para sacar ventajas.
“Sólo pido que (los árbitros) estén a la altura de esta instancia y que el
final sea justo para todos. El mejor árbitro es el que pasa desapercibido”,
dijo, calmado como siempre. Miguel Ángel Russo, un supuesto señor en esto del
fútbol. Monsieur “Son decisiones” continuó con la diatriba: “El final del
torneo es apasionante, está todo muy parejo. Por eso espero que los árbitros
hagan bien su trabajo. Es lo que se merece el fútbol argentino”. Antes de que
San Lorenzo continúe su encuentro con Huracán había acribillado públicamente a
Hernán Maidana al decir que San Lorenzo no tenía “suerte” con este juez de
línea que se había equivocado en el tiro libre previo al gol quemero bajo el
aguacero.
El bueno de Miguel mostró la hilacha que mantiene normalmente oculta bajo
la apariencia de serenidad y bonhomía. Se sumó, así, a la corte de llorones que
intenta, semana a semana, condicionar a los hombres de negro para que se
equivoquen a favor de cada club. Por eso las declaraciones durante la semana
cuestionan permanentemente las decisiones tomadas el fin de semana. Situación
favorecida por las tres millones y media de veces que se pasan las mismas
imágenes para defenestrar a los árbitros y polemizar ad eternum con jugadas muy
finas o de apreciación.
Sólo como deliciosa muestra, el penal que Lunati cobró a favor de Boca
contra Racing fue una decisión correcta para los opinólogos de un canal e
incorrecta para los de otros. ¡Todos apoyados por las mismas imágenes!
Tal vez Russo se hartó de ser el bobo de la película que nunca habla y
decidió llorar para luego mamar. Imitó a las miles de magdalenas que hablan de
los códigos del fútbol pero se quejan hasta el hartazgo de que los árbitros
benefician al otro y están contra uno.
Es verdad que existen equivocaciones groseras que influyen en los
resultados de los partidos, pero en este torneo el nivel del arbitraje ha
subido unos peldaños respecto de las últimas competencias. También es cierto
que, desde siempre, los conjuntos grandes son beneficiados con aquellos
errores. No por mala intención manifiesta, sino que el entorno y las presiones
favorecen que los errores arbitrales se produzcan a favor de camisetas
“pesadas”. De todos modos, esa circunstancia se ha atenuado en los últimos
tiempos por la presencia de demasiados testigos, en este caso cuestión positiva
que impide robos a mano armada como han sucedido en el pasado, cuando regía la
ley del más fuerte.
Una manera de desterrar las suspicacias y evitar que yerros influyan en el
resultado de los partidos es implementar el uso de la tecnología en ciertas
jugadas. No es necesario parar el partido, sino que un quinto árbitro vea las
acciones en un monitor y avise por un micrófono al juez principal qué tiene que
cobrar. Similar a lo que ocurre en el rugby, donde a nadie se le han caído los
anillos por la novedad.
En el fútbol es más difícil, porque presionar a los árbitros ya es un
deporte en sí mismo en el que los más inescrupulosos corren con demasiadas
ventajas.
Manuel Álvarez Oliva
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP