Deportes 27-12-2008 – 591 Palabras
(Fútbol - Triangular)
EL MENOS PEOR
Boca Juniors se consagró campeón del torneo más mediocre que se recuerde en mucho tiempo. Y lo hizo perdiendo en el último partido del mamarracho llamado triangular final. Mal organizado, sin transparencia, con menos sentido común que las últimas decisiones K, el mini torneo decisivo fue una cabal muestra del desastre en el que se encuentra el fútbol argentino.
Hasta un chico de primaria sabe que en un triangular el perdedor del primer encuentro tendría que jugar el segundo para así asegurar la incertidumbre hasta el final. Acá, nones; sorteo entre gallos y medianoche para determinar el orden de los partidos. Sólo la casualidad hizo que Tigre y Boca llegaran con posibilidades al último match en cancha de Racing, dónde los de Victoria se ganaron el mote de campeones morales al vencer a un xeneize descolorido por donde se lo mire, al borde de un ataque de nervios por la falta de Riquelme y de un arquero que brinde garantías.
El torneo Apertura en sí fue ezquizofrénico, con un bajo nivel de juego y sin equipos con regularidad. De hecho, Boca se alzó con el máximo galardón después de perder tres partidos como local (cuatro en total) y de haber estado a once puntos de San Lorenzo, sin dudas el gran perdedor del semestre.
Los de Boedo tenían todo a favor: individualidades de peso y un gran arranque hicieron que se hablara de cuestión juzgada cuando todavía faltaba la mitad del torneo. Después llegó un pronunciado bajón que permitió el asalto a la punta de Tigre y Boca. Frustración máxima para Tinelli y seguidores, que deberán continuar desembolsando verdes para mantenerse en la cima. Sin embargo, sería de necios negar que el Cuervo es el único grande que, en estos tiempos, puede aspirar a ser un contrapeso indispensable ante los de la Ribera. Mientras River, Racing, Independiente se inmolan a diario en su inoperancia, San Lorenzo mantiene intactas sus aspiraciones de grandeza.
Tigre, por su parte, fue el “gran merecedor” del
campeonato. Con mucho menos presupuesto y poder que los gigantes, el club de
los amores de Sergio Massa armó un plantel competitivo que sabe lo que quiere
dentro del campo. Un pichón de Bianchi como Cagna otorgó señas distintivas a un
equipo solidario, sin estrellas, donde cada pieza conoce con exactitud qué
hacer para beneficiar el andar colectivo. Le faltó un suspiro para tomar toda
la gloria. ¿Tendrá otra oportunidad igual?
El mundo azul y oro festejó con ganas su estrella 23 en torneos locales. El agregado del último puesto de River fue un viagra irresistible para los bosteros de ley, que gozaron como pocas veces.
El título llegó, además, después de adversidades para todos los gustos como las lesiones recurrentes (Palermo, Palacio, Paletta, Morel, Ibarra), un clima interno inadecuado e, inclusive, la muerte de Pedro Pompilio, uno de los presidentes más ubicados y sencillos de su historia.
Alcanzó con Riquelme, por escándalo el jugador más influyente del campeonato; Battaglia y la sabiduría de Ischia para mechar juveniles que brindaran el oxígeno indispensable a la experiencia de los consagrados.
Aún así, Boca fue el menos peor de un fútbol argentino que cree estar a la altura (según los lobbistas de siempre) de las ligas más competitivas cuando se encuentra, en todo sentido, a galaxias luz de ellas. Poco le importa a ¿la mitad más uno?, esa que camina oronda por las calles, feliz por una nueva estrella, orgullosa por ser campeón, aunque haya sido tuerto en el país de los ciegos.
Manuel Álvarez Oliva
Agencia MP