Deportes 24-01-2009 - 573 Palabras

(Muhamad Ali - Obama)

 

GRANDE ENTRE LOS GRANDES

 

La escena fue conmovedora desde donde se la mire: el gigante, el mejor boxeador de la historia sentado cabizbajo en la asunción del presidente que más esperanzas ha concitado en el mundo en los últimos años.

 

No fue casual que Muhamad Ali haya sido invitado a la asunción de Barack Obama como el primer mandatario de los Estados Unidos. Quien fuera bautizado con el nombre de Cassius Clay es un ícono de la lucha contra la segregación y la búsqueda de igualdad entre las razas, cuestión ineludible en la llegada de un afroamericano al sitial que otorga el mayor poder existente.

 

También se ha transformado en un campeón de la fortaleza y la dignidad por su pelea contra una enfermedad incurable, cuestión que terminó de colocarlo en la cima del Olimpo del cariño popular.

 

Luchando contra un Parkinson inexorable, el otrora campeón de los pesos pesados dijo presente en un acto que, dentro de su enorme simbología, tampoco dejó de lado al deporte, fenómeno cultural indiscutible en la historia moderna de la humanidad, a pesar de ser mirado de reojo por algunos intelectuales subidos a un altar donde todo se juzga de acuerdo a un puritanismo inmaculado.

 

Ali es una muestra viviente de ese espíritu norteamericano al que convocó Obama para salir del inmenso atolladero dejado por el sabio Jorgito Arbusto. Descendiente de esclavos, llegó a la cima del deporte para transformarse en una leyenda americana.

 

No quiso ir a Vietnam por lo que perdió su título y fue catalogado como un antipatriota de pura cepa. Esto hizo que se avivara un racismo violento, ese que todavía estaba demasiado coleando en los 60 y que cada tanto muestra sus lamentables garras.

 

Luchó contra viento y marea por aquello que creía hasta meterse en el inconsciente colectivo de la gran nación del norte como uno de sus hijos dilectos a pesar de no haber sido un chico con aureola en sus años mozos. Bocón, provocador, soberbio buscaba la humillación total de sus adversarios, dentro y afuera del ring.

 

Hábil declarante, se transformó en un showman que llevó al boxeo a su época de gloria en cuanto a difusión y glamour. Pero fue, sobre todo, un mago arriba del ring, incomparable por sus movimientos en una categoría que sobresale por la pesadez de sus intérpretes y la poca velocidad de desplazamientos.

 

El gran Ali bailaba, flotaba en el cuadrilátero con su prodigioso jab de izquierda. Arte puro, talento innato de un elegido.

 

Alí es otra muestra de la gran labor que ha realizado el deporte para desterrar la segregación por causa del color de la piel. Es otro de los atletas (pueden mencionarse miles, sólo como ejemplo: Jesse Owens, Michael Jordan, Carl Lewis, Ray Leonard) que ha hecho que millones de compatriotas se vieran reflejados en él, sin que importara su raza. La admiración es un motor poderoso que vence distancias, prejuicios, costumbres implantadas por intolerantes.

 

Las palabras del presidente entrante han sido analizadas hasta el hartazgo por entendedores, y de los otros. Provocan esperanza, inducen a creer que el mango de la sartén es sostenido por alguien que quiere cocinar para todos. Las cuestiones no verbales de su asunción muestran a una persona inteligente que quiso brindar una señal, quizás subliminal, al mundo utilizando al deporte. Por eso invitó a Muhamad Ali, un grande entre los grandes, un ejemplo viviente del gran sueño americano.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP