Deportes 14-02-2009
- 574 Palabras
(Selección – Juvenil
– Mayores)
PASOS ATRÁS, PASO ADELANTE
De los últimos siete Mundiales Juveniles sub 20, Argentina ganó cinco, llegó a cuartos de final en uno y cayó en octavos en el restante. Sin dudas, es el mayor referente en la categoría, con jugadores muy destacados en cada generación: a vuelo de pájaro, imposible olvidar a Sorín (1995); Riquelme, Aimar, Samuel (1997); Cambiasso (97/99); Saviola, D´Alessandro, Burdisso, Coloccini (2001); Mascherano (2003); Messi, Zabaleta (2005); Agüero, Moralez, Di María (2007).
Siempre protagonistas, con exponentes que con el tiempo fueron la base del seleccionado mayor, de la mano de la sabiduría de Pekerman y Tocalli. Hasta que el fatídico Sudamericano de Venezuela 09 dijo presente con papelón sin vueltas ni atenuantes.
Argentina afuera de un Mundial juvenil, ocho partidos jugados, sólo una victoria, rendimientos individuales por el piso, falta de respuestas desde el banco, proceso nuevo cuestionado desde su génesis.
La salida/empujón de Tocalli fue decisión de Grondonas (pater et fili) para colocar a Batista y su cuerpo técnico. Después de 15 años de la asunción de Pekerman, los últimos mohicanos de su equipo abandonaban el barco por la ventana.
La jugada, con el resultado puesto, está saliendo peor de lo pensado, porque no clasificar para el Mundial, cuando lo hacen 4 equipos de 10, era impensado hace un tiempo.
Es verdad que no participaron jugadores importantes (no fueron cedidos Di Santo, Piatti, Pastore, se lesionó Musacchio) pero pareció surrealista observar el paupérrimo nivel de chicos que juegan en la primera de sus clubes y fueron incapaces de dar tres pases seguidos a un compañero.
Fue un equipo sin alma, sin reacción ante los contratiempos, generadores del mayor fracaso en selecciones juveniles de los últimos 20 años. El Checho y sus colaboradores, riñón de la “generación 86”, deberán barajar y dar de nuevo para realizar un plan coherente de detección de talentos, entrenamientos y concientización de lo que es vestir la celeste y blanca.
El paso adelante en cuanto a selección se refiere, fue, sin dudas, el encuentro ante Francia en la helada Marsella. Los chicos de Diego brindaron una demostración de carácter y amor propio digna de quien los dirigía desde el banco. Sin brillantez, Argentina mostró una solidez desacostumbrada en los últimos años. Dientes apretados y disputa de cada pelota como si fuera la última fueron el emblema desplegado por un equipo que comienza a mostrar señas distintivas. Y las pinceladas de Messi, cada vez más desequilibrante, en cada arranque más parecido al Pelusa.
De todos modos es el comienzo del ciclo Diego. Muchas cuestiones por corregir y resolver: tenencia del balón, armado de juego, acompañamiento y fabricación de espacios para Messi. Con dudas también en algunos nombres puntuales como Heinze, Maxi Rodríguez, Zanetti, Agüero. También con incógnitas como la futura presencia de Riquelme quien quita protagonismo a Gago cuando los dos están en cancha.
Imposible no mencionar el magnetismo siempre vigente de Maradona a casi 15 años de su retiro como jugador. Marsella se rindió a sus pies con el “Diego, Diego” que bajó reiteradamente de las tribunas a lo largo del encuentro. Es increíble la popularidad, en todo el planeta, de este morochito retacón que está dando sus primeros pasos como entrenador del seleccionado argentino de fútbol y ya ilusiona, promete, contagia.
Ha transformado a un grupo que venía a los tumbos en un conjunto cohesionado que destila sangre en la cancha. Creer o reventar, con Diego todo es posible.
Manuel Álvarez Oliva
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP