(Maradona – Riquelme)
Durante los 60 y los 70 surgió con fuerza, en las ciencias sociales, el análisis del discurso, una disciplina que estudia los enunciados escritos, orales, en los medios que sean, como eventos de comunicación e interacción. Se utiliza en diferentes ciencias como la antropología, la lingüística, la filosofía, la historia, las ciencias de la comunicación y muchos otros. Simplificando al extremo se estudia aquello que comunica alguien, la situación en la que se realiza y las condiciones en la que se produce ese enunciado. Es apasionante cómo cada verbo, sustantivo, adjetivo que utiliza una persona en cualquier mensaje que emita tiene un significado y demuestra, en general sin querer, sus verdaderas intenciones/pensamientos/prejuicios cuando lo expresa.
Así, el culebrón Maradona-Riquelme ofrece elementos para hacer dulce en el análisis del discurso. Aquello que se dijo, los silencios, las omisiones, las expresiones no verbales demuestran que los dos colosos sacaron a relucir trapitos acumulados hace tiempo y convicciones íntimas que pueden provocar cierto cosquilleo.
“Jugando así no me sirve”, disparó primero Diego en un programa de medianoche. Atención inmediata al “me” como si la selección fuera de él y de nadie más. Porque no dijo “no le sirve al equipo o a la Argentina o a sus compañeros”. Fue un mensaje sin medias tintas en el que el 10 anunció quién es el dueño de la pelota en la albiceleste.
Ahí nomás, Juan Román se sacó los anteojos, se calzó la S e hizo lo que nadie, enfrentó al todopoderoso: “Me muero por jugar con la camiseta de la Selección y me va a doler mucho ver un Mundial por la tele y los partidos por las eliminatorias. Pero no nos manejamos igual con el técnico de la Selección, y así no podemos trabajar juntos. Se termina la Selección para mí. Las cosas no están claras, me entero por TV qué opina de mi estado físico, en qué posición quiere que juegue y en cuál no. Es evidente que yo no tengo los mismos códigos que él.” Delicia para examinar diligentemente que jamás menciona el nombre del adversario. Dice el cargo, como si su pasado de Dios del fútbol no existiera. Y remata con la palabra sagrada en este fútbol contaminado por todos lados: códigos.
Se sucedieron los dichos y
entredichos en los que las palabras continuaron mostrando el orgullo, la
soberbia y los rencores de ambos contendientes. Grotescamente determinadas en
el ex, con trazos más finos en el actual 10 de Boca.
Sin embargo, el contexto es lo que ofrece más jugo. También el resultado de este nuevo circo romano. Porque está claro que existían cuestiones previas que explotaron con esta pequeña tempestad. Ninguno quería al otro pero no podía decirse en voz alta. Maradona porque Riquelme le desarma un esquema en el que se siente cómodo como el doble 5 y rompe la armonía de un grupo que lo considera la encarnación del Altísimo en la tierra. Román porque veía venir que no contaría con sus prerrogativas habituales y que podía transformarse en la víctima que demostrara la firmeza de Diego para llevar un grupo.
Pero sin dudas que el gran ganador fue Riquelme, ya que metió una cuña perenne en el amor entre la hinchada de Boca y Maradona, situación imposible de pensar años atrás. Los xeneizes se encolumnaron rotundamente detrás de su actual gurú y despreciaron a quien lloró con ellos y prometió su amor eterno un 10 de noviembre de 2001 en su despedida.
Maradona vs Riquelme, pelea apasionante; los primeros rounds fueron una clara victoria de Romy. Esto recién comienza.
Manuel Álvarez Oliva
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP