Deportes 28-03-2009
- 584 Palabras
(Pumas)
EMPANTANADOS
En octubre de 2007, el rugby argentino terminaba de escribir su página más gloriosa con la victoria por el tercer puesto ante Francia en el último Mundial.
Un mundo de posibilidades se abría para colocar a los Pumas definitivamente entre los poderosos por un largo tiempo, no como una golondrina pasajera, sino como un equipo a temer, capaz de plantar cara a cualquiera, en cualquier cancha.
Se habló de aprovechar el momento para insertar al equipo en una competencia internacional periódica que permitiera el roce internacional indispensable para reafirmar los sueños de grandeza. También del reacomodamiento de estructuras que permitieran conjugar amateurismo y profesionalismo para no perder un espíritu único pero adecuarlo a las necesidades de un deporte que no permite ventajas en la preparación física, mental y táctica.
Si bien se han realizado
algunos avances, aquel oleaje de euforia que parecía incontenible se convirtió
en una suave marea insuficiente para lograr los objetivos surgidos a partir de
la gesta de 2007.
Un ejemplo tangible es la falta de compromisos internacionales de los ahora dirigidos por Phelan. En estos días se realizó una miniconcentración con los jugadores en Alemania después de más de tres meses sin contactos y a cerca de 90 días del test match ante Inglaterra como local. Muy poco para pretender competir con los mejores. Insuficiente en comparación a calendarios competitivos y completos de otros conjuntos.
El problema principal es la falta de inserción en alguna competencia importante todos los años. Se habló, en un principio, de ingresar al Seis Naciones de Europa, cuestión desestimada casi al instante. Luego, y todavía se hace, se planteó la posibilidad de ser parte del Tres Naciones junto a Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia; ilusión ideal que haría crecer al rugby argentino hasta límites insospechados.
El inconveniente es que sobran las palabras pero no se observan hechos tangibles que hagan pensar que la posibilidad es cierta. Uno de las trabas esenciales es que las autoridades de la más importante competencia anual no visualizan una estructura y dirigentes unidos para poder mantener en el tiempo un equipo de profesionales que pueda competir en serio, sin pasar papelones.
Sin ir más lejos, continúan los roces entre la URBA (Unión de Rugby de Buenos Aires), la UAR (Unión Argentina de Rugby) y las organizaciones del interior de país por los diferentes planes para terminar de insertarse en el círculo máximo internacional.
La profesionalización de 31 jugadores del medio local (23 de Buenos Aires y 8 del Interior) produjo una tormenta entre las diversas federaciones por diferentes causas. Las más importantes: una supuesta “violación” al espíritu amateur y la disparidad que podría ocurrir entre rentados que entrenan a diario contra no pagos que deben trabajar en otras profesiones para subsistir.
Contar con jugadores rentados en el medio local es una condición “sine qua non” para participar del Tres Naciones; es un paso ineludible que no tiene marcha atrás.
Cuestiones que deben solucionarse sin egoísmos, pensando en el bien general, no en cada quintita en particular.
La única manera de refrendar la espectacular actuación del Mundial en Francia es consensuando, cediendo posiciones extremas, buscando puntos de encuentro. Con los Pumas protagonistas, el rugby argentino continuará con su crecimiento sostenido. Depende de los dirigentes, los mismos que hasta ahora avanzan muy lento, en un pantano creado por ellos mismos.
La epopeya ya quedó lejos; puede transformarse sólo en un bello recuerdo o en el punto de partida para codearse por décadas con los gigantes.
Manuel Álvarez Oliva
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP