Deportes 04-04-2009
- 599 Palabras
(Selección –
Goleada)
AL MENTÓN
El 6 a 1 oculta todo: la fiesta ante Venezuela, los silbidos a Verón, la magia desatada de Messi, la firmeza de Gago y Mascherano, el afianzamiento de Jonás Gutiérrez, la confirmación de Tévez como “jugador del pueblo”. El desastre en Bolivia es un hecho histórico, la peor goleada en contra en más de cincuenta años desde que Checoslovaquia aplastó por el mismo marcador en Suecia.
Más preocupante aún, son las pruebas fehacientes de errores y faltas de comunicación que pueden ser definitivas en lo que queda de unas eliminatorias que se están transformando en un viaje con demasiadas turbulencias.
Maradona planteó el partido en los más de 3600 metros de altura de La Paz como un encuentro normal. Sus jugadores salieron a presionar, a intentar no dar espacios desde casi tres cuartos de cancha rival. Estrategia saludable para condiciones normales, suicidio ante Bolivia como visitante.
Vale la pena desviar un momento el camino para plantear si se puede y se debe jugar en la capital del país hermano. No se puede y si se debe es la respuesta. Parece una paradoja pero no lo es. No se puede porque la desventaja deportiva es enorme, se debe porque La Paz es la capital de un país que tiene el derecho de elegir dónde jugar de local.
En la película Gladiador, el corrupto emperador Cómodo apuñala al héroe del film, Maximus, justo antes del combate final. Lo hiere para que luche en inferioridad, luego mueren los dos porque el emperador no puede aprovechar su supuesta ventaja por la experiencia y el talento de su oponente.
Jugar al fútbol en La Paz ante Bolivia es similar, más para la Argentina. Implica competir con una enorme desventaja física que hace que el adversario sea más fuerte, más rápido, más resistente. Sólo se puede ganar o empatar si no se cometen equivocaciones y se aprovechan al máximo los errores de uno de los peores equipos de Sudamérica.
Argentina se equivocó mucho, jugó sin inteligencia, no “pensó” el partido y volvió con una canastita repleta, humillado y bailado como nunca.
Para colmo, las internas entre el
grupo que dirige al equipo de todos estallaron nuevamente con las palabras de
Humbertito Grondona, coordinador de selecciones y arquitecto del mix
Diego-Bilardo: “…sería importante que escuche a la
gente con mucha experiencia, que no consulte a cualquiera. Es simple: si yo
tuviera al lado a un entrenador campeón del mundo como Menotti o Bilardo, sería
muy tonto si no lo escuchara. Esto tiene que servir de
experiencia. Hay que trabajar y no subestimar a los rivales”. Preparen,
apunten…
Si bien
no era el momento para descerrajar tales conceptos, las palabras del hijo del
boss of bosses preocupan porque demuestran que Diego sólo escucha y se apoya en
Mancuso, principalmente, y en menor medida, Lemme. Interlocutores con
experiencia insuficiente para pretender llegar a lo más alto.
La
inexistente, en estos tiempos, relación entre el 10 y Bilardo hace urgente la
presencia de personas con conocimientos sobre táctica, estrategia y preparación
para que acompañen al Pelusa. La motivación, el trato cercano y afectuoso son
importantes, pero no suficientes en un fútbol que depende cada vez más de
detalles para llegar a la victoria. Es el momento de bajarse del altar para
aceptar/pedir toda la colaboración que haga falta.
Es el
tiempo de trabajar a destajo para preparar concienzudamente los seis partidos
que quedan de las eliminatorias. Aquello que parecía un paseo relajado, con
flores en el camino, se está transformando en un pantano amenazante. Hora
impostergable para consultar, dialogar, agachar cabecitas y buscar el bien
común.
Manuel
Álvarez Oliva
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Agencia MP