Deportes 23-05-2009 - 599 Palabras

(Maradona)

 

SÓLO ÉL

 

Otra vez las contradicciones dicen presente. Nuevamente se producen sensaciones encontradas. No puede ser de otra manera cuando Diego Armando Maradona está de por medio. Como fue, es y será; sin alternativas ni equilibrios, el mundo Diego se relaciona directamente con la desmesura.

 

“Vi ojos maradonianos”, dijo el 10 después del ensayo ante Paraná en Santa Fe, en referencia al hambre de sus jugadores antes del partido. ¿Es imaginable tamaña muestra de egocentrismo en otro técnico?¿Qué diría la crítica si esto sucediera con un personaje cualquiera que se arrogara la propiedad, sentimientos del equipo de todos?

 

Sólo ÉL puede hacerlo y salir indemne, como lo hizo con la histórica paliza en tierras bolivianas. Únicamente Maradona puede hablar/decidir/demostrarse como un patrón de estancia, poseedor de los colores, la camiseta, las decisiones, las palabras, los silencios, los arcos, el pasto, los banderines. Se sabe Dios y no tiene ningún empacho en mostrarlo, sin anestesia ni pruritos.

 

Sus decisiones son un reflejo, también, de su “patronazgo”. “No es tiempo de Higuaín”, manifestó sin mosquearse para avisar, trascartón, que convocaría a Cristián Giménez (Pachuca de México, ex Boca) para los partidos de las Eliminatorias.

 

¿Afuera el segundo mejor delantero detrás de Messi y adentro alguien sin antecedentes en la Mayor, ni rendimientos deslumbrantes en los últimos tiempos? Entendible si está buscando gente que se adapte mejor a la altura de Quito, cuestión que negó terminantemente. Y la lista continúa, con decisiones controvertidas, en muchos casos en riña directa con las neuronas: ¿Existe alguna posibilidad de que el Bichi Fuertes vuelva a jugar un partido en el seleccionado? Es un gran jugador, pero no parece que con 36 años tenga posibilidades ciertas de luchar un lugar en el Mundial. O la máxima de todas: “Ortega juega bien tres partidos en River y lo convoco”.

 

Diego premia y castiga de acuerdo a sus sentimientos, habla más de lo que debería, no es justo como debiera serlo un conductor de grupo. Vuelve a tropezar con las mismas piedras temperamentales que tanto le han costado en el pasado.

 

Sin embargo, uno observa el compromiso de los jugadores en un partido clase “B” ante un rival de tercer orden y comienza a olvidar las veleidades del D.T. de la selección. Uno es testigo del romance renacido entre la albiceleste y la gente e intenta ocultar la omnipotencia del dueño de la sartén. Uno siente el convencimiento y adoración de los jugadores por su técnico y disimula los defectos incompatibles con la función desarrollada.

 

Su instinto sigue jugando a favor, como en el caso de la puesta en marcha de un “equipo local” para analizar rendimientos de probables habitantes del “conjunto “A”. Fracaso estrepitoso en gestiones anteriores, pero ideal para continuar su aprendizaje como técnico, ya que Diego necesita rendir materias libres para convertirse en un técnico de prestigio, capaz de dirigir a uno de los seleccionados más poderosos del planeta.

 

Diego consigue que los intérpretes en la cancha dejen la piel como pocas veces en los últimos tiempos de la selección argentina. La prueba anímica está aprobada con creces, cuestión indispensable para llegar a lo más alto.

 

Otra vez la razón contra el corazón, porque en un Mundial no alcanza sólo con trabar con la cabeza y transpirar sangre. Millones de detalles (tácticos, estratégicos, técnicos, organizativos) deben ser pensados al milímetro para asaltar la gloria. Elementos que el grupo íntimo de trabajo que rodea al Pelusa no parece poder abarcar por falta de conocimientos y experiencia.

 

Sino fuera Maradona, el camino al fracaso estaría marcado de antemano. Pero es Diego, y con ÉL, todo es posible.

 

Manuel Álvarez Oliva

redaccion@agenciamp.com.ar

Agencia MP