Deportes 30-05-2009 - 599 Palabras

(Atenas)

 

SIMPLEMENTE ATENAS

 

La prensa, en especial la capitalina, hizo hincapié en la defensa casi ilegal, los empujones, forcejeos, bajos porcentajes y mal juego en general. Nada de analizar la riqueza táctica de una serie feroz. Menos acerca de las variantes producidas en cada uno de los seis juegos que definieron al vencedor de la Liga Nacional. Ni hablar de la historia y la mística de uno o la gran temporada del otro. Se sabe, el Altísimo vive por aquellos lares, las bellezas de afuera deben ser minimizadas.

 

La defensa de Atenas de Córdoba abreva directamente en aquella que hizo grande a la Argentina en el concierto internacional. El mismo arquitecto, Rubén Magnano, para construir la única manera en que se puede vencer por estos días en el básquet internacional, en especial en el mundo FIBA. Claro, cuando se hablaba de Ginóbili, Nocioni, Oberto, Scola no se criticaba la manera de proteger el aro propio; ahora se defiende el espectáculo y el sentido estético.

 

La serie final entre Atenas y Peñarol fue una muestra excelente de un básquet moderno, sin nada que envidiarle a los grandes torneos de Europa. Los dos mejores técnicos (Magnano y Hernández) y los planteles más completos como adversarios. Encuentros infartantes, definidos en los últimos segundos, por pequeños detalles, esos que parecen insignificantes y definen un título.

 

Cada juego mostró un ajedrez en el parquet, con estrategias diseñadas por ambos conductores para sorprender al rival, para contrarrestar las mayores virtudes.

 

Allí sacó una pequeña ventaja el cordobés, principalmente por el error del Oveja en el quinto juego cuando continuó con marca zonal pese a las penetraciones de Laws y Ferrini. Pecado mortal con el que comenzó a cavar su fosa.

 

“Peñarol perdió el torneo”, dijo Román González después del 2-4 en contra. Tal vez tenía razón por la cantidad de oportunidades que desperdiciaron los marplatenses a lo largo de la serie, en particular en el quinto partido cuando Vega (gran promesa) falló dos tiros libres a cuatro segundos del final con el marcador igualado. Momento bisagra que inclinó la balanza para los Griegos, que impusieron su oficio en el sexto chico en Mar del Plata.

 

La novena Liga Nacional del equipo más ganador de la historia del país llegó después de seis años de frustraciones por haber perdido el rumbo que lo transformó en el gigante a vencer. Tuvieron que volver dos hijos de la casa, Magnano y Leo Gutiérrez, para desempolvar un espíritu ganador que estaba olvidado. Fue vital, también, la visión de un viejo lobo como Felipe Lábaque, dirigente excepcional que conoce al dedillo que sólo es posible con inversión, auspiciantes y ayuda gubernamental.

 

Mención especial para un gallardo subcampeón, que perdió porque la moneda no cayó de su lado en, por lo menos, dos finales apretados.

 

Peñarol jugó con la intensidad conocida de los equipos de Hernández, basados en el tremendo juego interior liderado por González. Los milrayitas se adaptaron al juego físico propuesto por Atenas, defendieron con la misma pasión que sus rivales y pusieron en jaque al campeón con individualidades de peso como Tato Rodríguez, David Jackson, Byron Johnson, Fernando Malara.

 

Atenas se reconcilió con su historia para volver a soñar con participaciones exitosas en el ámbito internacional. La Liga de las Américas es un escalón obligado para soñar con una destacada participación en el primer mundial de clubes, competencia heredera de la inolvidable Copa Mac Donald´s del 97 donde Milanesio, Campana, Oberto y cía. maravillaron con un tercer puesto legendario.

 

Allá van los verdes de Barrio Bustos, simplemente Atenas, trade mark de la victoria, le guste a quien le guste.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP