Deportes 27-06-2009
- 594 Palabras
(Fútbol – Brasil)
JAMÁS LOS SUBESTIMEN
Hace unos meses, la crítica especializada argentina hablaba del espantoso momento del fútbol brasileño. Decía que su seleccionado no jugaba a nada y que sus individualidades eran muy inferiores a las nuestras. El Apocalipsis había llegado a la verde amarelha, más con un técnico supuestamente amarrete como Dunga.
Una vez más, y van…, se subestimaba al equipo más ganador y exitoso de la historia de este deporte. Pentacampeón mundial, con jugadores que salen debajo de las piedras, Brasil vuelve a pedir silencio respetuoso a súbditos maleducados.
Después de los 24 años de duelo post-Pelé, volvieron a la cima, sin ganas de dejarla por mucho tiempo. Dos campeonatos mundiales (94,02), un subcampeonato (98), cuatro Copas Américas (97, 99, 2004, 2007), tres Copas Confederaciones, hablan a las claras de una supremacía ostensible en las décadas precedentes.
Cuando un equipo se acostumbra a ganar, ese intangible se nota en la cancha. Es difícil derrotar a Brasil, aún cuando su rendimiento no sea el adecuado en un mal día. Un ejemplo de muchos es lo sucedido en Quito, cuando los muchachos de amarillo deambularon durante 90 minutos en una actuación lamentable. Patearon dos veces al arco, les bombardearon el rancho con más de 15 situaciones para Ecuador, pero se fueron sonrientes con un empate a 1. El recuerdo de lo sucedido a los Maradona´s boys en el mismo escenario marca un hito que no debe soslayarse cuando se abre de más la boca.
En las eliminatorias sudamericanas en curso, comenzaron también a tropezones, con su displicencia habitual en esta competencia. Sin despeinarse, al trote, ya están primeros, a un paso de Sudáfrica, con un agregado de importancia superlativa: Dunga parece haber encontrado un equipo sólido, contundente, trabajado, con destellos de sus referentes de peso.
Dejó de lado la desidia de Ronaldinho para apoyarse en el talento de Robinho y Kaká (clap, clap) de media cancha hacia delante; solidificó la contención con Felipe Melho acompañando a Gilberto Silva y armó la eterna línea de 4 en el fondo con rayos en las puntas capitaneados por Lucio, uno de los mejores zagueros centrales del mundo.
Cuenta, además, con un lujo desacostumbrado: un arquerazo, Julio César, que salva pelotas imposibles, gana partidos.
En la Copa de las Confederaciones en Sudáfrica, el esquema del rústico ex volante central se afianzó. Se nota un aceitado trabajo táctico que se traduce, como muestra, en la cantidad de goles a pelota parada convertidos en la competencia y en la sincronización defensiva, difícil de lograr sin ejercicios agotadores por su repetición.
La buena noticia es que, en la próxima fecha de las eliminatorias, ¿el Monumental? recibirá afectuosamente al líder sudamericano en un encuentro en el que Argentina pone en juego mucho más que su visita. “Brasil le teme a la Argentina”, es la arenga chauvinista que está empezando a escucharse en medios empedernidos en hacer creer que somos los mejores.
Chicos, amigos, dulzuras, no confundamos las cosas. Puede ser verdad que no les guste jugar ante su clásico rival por el rigor y el cuchillo entre los dientes de los nuestros, pero los últimos partidos oficiales no han sido de lo mejor que se pueda mostrar, con dos finales de América perdidas en forma consecutiva y un empate pobre en la ida de las eliminatorias.
Mejor internalizar que el gigante más grande vendrá de visita y para ganarle habrá que extremar los recursos físicos, tácticos, estratégicos, espirituales, psicológicos. Porque, como dicen los que saben, jamás se debe subestimar a Brasil, un monstruo grande que siempre pisa fuerte.
Manuel Álvarez Oliva
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Agencia MP