Deportes 04-07-2009 - 596 Palabras

(Estudiantes)

 

COMO EN AQUELLOS BUENOS Y VIEJOS TIEMPOS

 

El 9 de junio de 1971, Estudiantes de la Plata perdía la final de la Copa Libertadores ante Nacional de Montevideo, en un partido desempate en Lima, y no podía obtener su cuarto título continental consecutivo. A pesar de la derrota, los Pinchas de Zubeldía habían conformado un imperio y nadie sospechaba que pasarían 38 años para volver a esa instancia decisiva. Sin embargo, el reino albirrojo declinó y nunca más volvió a regir en el ámbito sudamericano. Incluso el descenso tocó la puerta para esconder un poco su legendaria mística.

 

Casi cuatro décadas después, los herederos de Poletti, Bilardo, Pachamé, Verón (p), Malbernat desempolvaron su estirpe histórica para soñar con un tetracampeonato que lo pondría sólo por debajo de Independiente, Boca y Peñarol.

 

“Estudiantes es un monumento al esfuerzo, a la solidaridad, al esfuerzo y a la concentración”, es la explicación de su entrenador, Alejandro Sabella, al enumerar las razones que llevaron a su equipo a la finalísima ante el Cruzeiro de Brasil. Confesión de parte…

 

Pero, además, el Pincha maneja muy bien todos los aspectos de este juego: toque, circulación, desmarque, explosión, relevos, coberturas defensivas, achique, presión. Es un excelente conjunto manejado por un bastonero de lujo como Juan Sebastián Verón, un señor jugador de fútbol cuya principal virtud es leer los partidos como pocos, para saber qué hacer en cada momento.

 

A los 34 años, la Bruja acompaña su clase internacional por un fervor amateur que destila amor por la camiseta. No sólo en la cancha, sino también fuera de ella, el hijo de Juan Ramón es el baluarte de este volver a ser del siglo XXI.

 

La ausencia de su jugador emblema en la vuelta de la semifinal agranda la hazaña pincharrata, ya que los émulos del Narigón mostraron oficio y temperamento sin su capitán en una parada siempre complicada como el Centenario de Montevideo ante Nacional.

 

Imposible soslayar la importancia de la dirigencia y cuerpo técnico de Estudiantes para contratar a Rolando Schiavi para esta etapa decisiva ante las lesiones de Angeleri, Alayes y Cellay. Se movieron rápido para conseguir un puntal de garantía para un andamiaje que tambaleaba por sus ausencias. El Flaco se adaptó sin fisuras para conformar una columna vertebral de lujo junto a Andújar, Desábato, Braña y Boselli.

 

Sabella supo enderezar el rumbo de un grupo que estaba golpeado bajo el mando de Astrada. Algunos problemas internos y un bajo nivel de juego estaban haciendo una temporada olvidable hasta que llegó este hombre del riñón del club para hacer reverdecer los laureles de su historia.

 

Ahora sólo falta el último escalón, ante un rival complicado por donde se lo mire, con jugadores en estado de gracia que acaban de ridiculizar a un peso pesado como Gremio.

 

Cruzeiro es el típico equipo brasileño que inspirado es capaz de pintar la cara a quien se ponga en frente. Ramirez, Wellington, Kleber meten miedo de media cancha para adelante pero su defensa flaquea con los cambios de frente y las pelotas paradas. De hecho, Estudiantes ya le ganó, por esta Copa, 4 a 0 en La Plata, pero perdió 3 a 0 en Belo Horizonte.

 

Sólo falta el último paso para coronar un trabajo concienzudo en el aspecto deportivo y dirigencial que ha puesto a Estudiantes a la altura de los grandes de Argentina y Sudamérica. Puede ganar o perder porque en el fútbol todo es posible. Lo cierto es que la mística pincha volvió para quedarse, como en aquellos buenos viejos tiempos del adelantado Osvaldo Zubeldía.

 

Manuel Álvarez Oliva

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