Deportes 11-07-2009 - 599 Palabras

(Referato)

 

TIEMPO DE CAMBIAR

 

El pueblo quemero continúa iracundo sus embates sobre Gabriel Brazenas después de sus errores arbitrales en la finalísima ante Vélez. Despotrican a los cuatro vientos, sienten que sus bolsillos fueron vaciados, quieren presentar apelaciones ante la Fifa, el Vaticano, el Olimpo y cualquier instancia imaginable que pueda solucionar el despojo al que, dicen, fueron sometidos.

 

Hasta Ángel Cappa opina sobre el asunto diciendo que “Brazenas no nos dirigirá por más de un lustro”.

 

Sus quejas no obtendrán resultados ni cambiarán el muy mal momento por el que está pasando el arbitraje, no sólo argentino, sino mundial. Es hora de cambiar algo para que algo cambie, aunque quienes tienen la sartén por el mango mantienen su postura de que se debe convivir con el error humano, por más que ocasione injusticias como las sufridas por el Globo. ¿No será tiempo de incluir a la tecnología para evitar que los hombres de negro sean determinantes en el resultado de un partido?

 

En el rugby, el referee principal consulta a un asistente frente a la televisión para saber si una jugada terminó en try o no. Después de una espera de unos minutos oficializa su decisión después de escuchar lo que le dicen. Nada complicado, sin problemas para nadie.

 

El tenis incluyó, por su parte, el ojo de halcón en los principales torneos para determinar con exactitud si algunas pelotas son buenas o no. Cada jugador tiene una cantidad determinada de pedidos por set cuando tiene dudas sobre las decisiones de los jueces.

 

De hecho, en el fútbol se han tomado determinaciones de peso, a partir de informes recibidos por árbitros principales que no habían visto alguna jugada. El caso paradigmático es la expulsión de Zidane en la final del Mundial 2006: Horacio Elizondo no observó el grosero cabezazo del francés y fue informado por el cuarto árbitro después de que las cámaras lo mostraran desde numerosos ángulos. O en la última Copa Confederaciones cuando el juez principal cobró un penal para Brasil después de haber dicho córner y que hubieran pasado varios minutos desde su decisión primigenia.

 

Es decir que se podría, perfectamente, hacer común y legal la práctica de apoyarse en las imágenes televisivas para no cometer injusticias que desnaturalizan el resultado. Se podría comenzar, por ejemplo, con el aviso inmediato de un “juez de cámara” cuando la pelota trasvasa la línea de gol, cuestión imposible de determinar por el ojo humano con grandes velocidades en el recorrido del balón. Así como el árbitro principal está intercomunicado con sus jueces de línea, podría perfectamente recibir indicaciones de otro asistente que estuviera viendo el encuentro por televisión. Sólo es cuestión de voluntad de quienes deciden, se puede implementar en pocos meses, sin necesidad de grandes inversiones u otras cuestiones.

 

¿O será que se puede perder una manera muy fácil de influir en resultados o inclinar la balanza hacia los benditos de siempre? Porque mientras más se limite el margen de error de los árbitros, menos posibilidades de manipularlos, de indicarles, directa o indirectamente, quién debe ser beneficiado.

 

Lo cierto es que los errores arbitrales influyen de mala manera en el resultado de los partidos. Con premeditación, o sin ella, los hombres de negro son demasiado importantes en el fútbol moderno. Es hora de poner coto a su poder en el campo de juego para que los verdaderos protagonistas continúen siendo quienes patean la bendita pelotita.

 

El problema insoluble es que quienes toman las decisiones de peso quieren que todo siga como era entonces, para seguir manejando a su antojo los hilos de las marionetas.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP