Deportes 18-07-2009 - 599 Palabras
(Estudiantes – Sentimiento)
MÍSTICA, PASIÓN Y JUEGO
Vale aclarar que no soy hincha de Estudiantes; sí le tengo un aprecio especial por un par de amigos enfermos del virus pincha, en especial un bohemio escritor/profesor/periodista que “pare” desde el exterior con cada partido de su equipo.
Sin embargo, el miércoles desandé el día ansioso, con ganas de que Estudiantes saliera campeón para terminar de confirmar eso de su historia, su mística, sus valores transmitidos de generación en generación.
Y Estudiantes ganó, dio una muestra impresionante de carácter, metió, pegó, se fajó, fue guapo, tocó, gambeteó, tiró lujos y, en especial, emocionó, emocionó por el conmovedor compromiso de los jugadores en el partido más importante de su club en cuarenta años.
Pero no todo fue meter y guapear, sino que jugaron con la suficiente inteligencia como para desquiciar a un rival extremadamente duro que juega muy bien al fútbol y tiene una dinámica más parecida al fútbol europeo que al latinoamericano. Porque, en definitiva, mostraron el temple que uno esperaba, más después de la daga en el pecho que significó el gol en contra cuando amanecía el segundo tiempo.
Después de un par de minutos de escozor y desconcierto apareció la sabiduría del crack para agarrar la pelota y frenar el aluvión azul. Mr. Juan Sebastián cambió unos segundos el uniforme de guerrero por el smoking para transformarse en partícipe necesario de las jugadas de ambos goles: primero con pelotazo al vacío para que Cellay llegara con tiempo y espacio para el centro del gol de la Gata y después con córner cum guante aureo para que Boselli confirme que es un goleador en serio, de los que perdonan poco y aparecen cuándo más lo necesitan.
Imposible no volver a detenerse en la Bruja, motor, símbolo y héroe máximo que demostró, otra vez, que es un “fuori classi”, un jugador con un talento único, capaz de correr 60 metros en el minuto 90 para barrer contra el lateral en los últimos intentos del Cruzeiro.
Ya se habla de que es indispensable en el seleccionado y puede ser, pero sólo sacrificando a Gago; Verón es gran bruja con panorama de frente y sólo un depredador a sus espaldas, sin vueltas que dar.
Estudiantes de la Plata, campeón de América, con Andújar, Cellay, Schiavi, Desábato, Ré, Pérez, Braña, Verón, Benítez, Fernández, Boselli, Díaz, Calderón en la cancha; Sabella, Camino, en el banco; Bilardo en el palco; Verón (p), Pachamé, Malbernat y demás, cerquita haciendo fuerza; Zubeldía, desde el cielo; 4500 locos gritando en un tribuna; media ciudad y gran parte de un país sufriendo tras la tele.
Las imágenes van y vienen de aquellas batallas épicas de los 60 y 70 a la proeza en el Mineirao; se mezclan titanes en blanco y negro con chicos a la moda que lloran por saber que entraron en la leyenda.
El inefable doctor abraza como un padre al gran capitán del siglo XXI; se nota afecto, conocimiento mutuo. “Es como mi tío”, describe ese hombre que fue el pequeño que mamó desde chico el sentimiento creado, entre otros, por el casi anciano de la nariz grande. Es la yapa que muestra el vínculo que une a las diferentes generaciones de amantes de una manera de sentir el fútbol, y de ver la vida, que es Estudiantes de La Plata.
No soy hincha de Estudiantes porque nací con otros colores estampados en mi alma y eso no tiene vuelta atrás. Pero de a poco, y viendo a la distancia su mística especial, he formado un segundo amor que hizo que algún lagrimón se piantara en una fría noche de miércoles.
Manuel Álvarez Oliva
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP