Deportes 22-08-2009
- 599 Palabras
(Fútbol – Dinero)
EL DIABLO MODERNO
“Le meten en la cabeza a chicos de 19 o 20 años que lo único que importa es la plata”, explicaba Ángel Cappa acerca del desmantelamiento producido en Huracán después del gran torneo pasado que jugó. El técnico se refería, en particular, a la situación de Matías Defederico, quien quiere irse al Corinthians de Brasil, o a otro destino, porque “no se sabe cuando pueden volver estas oportunidades de asegurar el futuro de la familia”.
Veinte años tiene este chico, obsesionado ya por colocar los suficientes verdes en su cuenta para no sufrir necesidades en lo que queda de su vida. ¿Y la belleza de disfrutar en su tierra con sus amigos, su familia, su gente de hacer lo que le gusta con recursos superiores a la mayoría de la gente que lo rodea? Porque Matías recibe un sueldo estratosférico comparado con el común de las personas Argentina 2009.
Obviamente que no es su culpa, sino de aquellos (manager, empresarios y demás) que influyen hablándole de “una chance irrepetible”. También de un entorno que cansa con el tema de la poca vida útil de los futbolistas y que si no levantan el dinero en pala ahora morirán en un zanjón a los cuarenta años. Mito instalado con media neurona utilizada y terrible prejuicio que supone que un futbolista sólo puede patear una pelota sin otra alternativa.
¿O un jugador de fútbol es incapaz de estudiar, aprender un oficio, o simplemente preparar el después, mientras transcurre su vida profesional? Tienen tiempo libre de sobra todos los días para hacer lo que quieran y recursos suficientes (en el caso de quienes juegan en primera división) para realizar inversiones que aseguren su futuro económico/laboral después del retiro.
Falta, como es costumbre, maestros y educación para orientar a los profesionales de hoy para que no sufran mañana. Carlos Timoteo Griguol obligaba a sus dirigidos a estudiar una carrera/oficio mientras jugaban en primera. Sin resultados académicos no entraban a la cancha los domingos; con el primer dinero estaba prohibido adquirir un auto, debía ahorrarse hasta llegar a la casa propia.
Además, a estos chicos (Defederico, Pastore, Muñoz, Faurlín, etc.) les conviene terminar su proceso de maduración en el fútbol argentino. Sino, emigran inmaduros, en el juego y en la vida, y les cuesta una enormidad adaptarse a circunstancias totalmente distintas a las vernáculas. Suelen acabar como asiduos visitantes de los bancos de suplentes, tristes, a miles de kilómetros de distancia de sus afectos. Les conviene romperla toda durante un par de años en la Argentina para, después si, buscar nuevos horizontes, con el agregado de una mejor cotización y contrato.
Imposible pedirlo en una sociedad obsesionada por el dinero en la que se hace casi todo por él. El gran diablo moderno mete sus fauces en las mentes, desde la tierna infancia. “Quien tiene vale; el que no, no existe”, es la máxima forjada a fuego en miles de millones de almas. Generaciones creadas a imagen y semejanza del Dios Dólar, amo omnipotente que todo lo permite, sin importar a quien se pise o quien se muera en el camino.
“No te vayas Ángel, no podemos dejar a Huracán en banda”, le dijo el mismo Defederico a Cappa cuando en plena pretemporada el D.T. amagó con renunciar por la diáspora (Araujo, Nieto, Arano, Pastore, González) en el plantel quemero. Después le hicieron borrar con el codo sus tiernas palabras, influyeron en sus recién cumplidos ¡20! años para que termine de perder su ingenuidad y se encolumne en la fila eterna de quienes piensan que sólo el dinero hace a la felicidad.
Manuel Álvarez Oliva
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Agencia MP