Deportes 29-08-2009 - 580 Palabras

(Basket)

 

¿EL FIN DE UNA ERA?

 

Sin Manu, Fabri, el Lancha, el Chapu, Walter, es previsible que cualquier equipo de básquet se resienta en su funcionamiento. Han sido y son jugadores demasiado importantes en la revolución argentina en el básquet mundial. Artífices principales junto a Luifa, Pepe y el Puma, del mayor golpe nacional en su historia deportiva. Es duro reconocerlo, pero no existe recambio para ellos y es lógico: imposible reemplazar a tantos fuera de serie, más si se ausentan todos juntos.

 

La pregunta es si el básquet argentino volverá a pertenecer, como casi siempre, a un segundo pelotón en el concierto internacional o todavía queda un poco de cuerda a los monstruos sagrados para pelear a sangre y fuego sus últimas batallas esperando que la sangre nueva tome la posta.

 

El Premundial en San Juan de Puerto Rico es una buena medida que indica que sin Ginóbili, Oberto, Delfino, Nocioni y Herrmann, la Argentina es un equipo que puede perder con cualquiera y sólo concentración + actitud 100% puede sacarle las papas del fuego. La clasificación al Mundial de Turquía camina por la cornisa y ya se mira con demasiado cariño una supuesta invitación en caso de no clasificar por méritos deportivos.

 

Sin embargo, la cuestión va más allá, ya que los ausentes podrán volver a jugar en el cortísimo plazo, pero su edad marca una fecha de vencimiento no muy lejana. Una sólida estructura colectiva como la que tiene el equipo en la última década sirve para disimular algunas ausencias puntuales, pero es imposible si los que faltan conforman toda la columna vertebral del equipo. Con Scola y Prigioni no alcanza por más que el resto se rompa el alma como obligan los antecedentes.

 

Las tres derrotas consecutivas en la Copa Tuto Marchant en Brasil fueron un aviso de lo que vendría. Porcentajes bajos inauditos, defensa desconcentrada y desacoples generalizados marcaron el punto más bajo en rendimiento que se recuerde en más de 10 años.

 

La caída ante Venezuela ya por los porotos fue una pesadilla increíble de pronosticar por los errores casi de aficionados cometidos por jugadores de una categoría reconocida como Paolo Quinteros, Leo Gutiérrez o Román González, sólo para mencionar algunos de los protagonistas de la debacle.

 

Falta de confianza es el concepto utilizado en general para explicar un momento difícil, inimaginable en la previa, aunque algunas voces pronosticaron hace unos meses que esto podía suceder.

 

“Estoy muy preocupado”, disparó Manu cuando habló sobre sus expectativas para el Premundial. Bicho conocedor como pocos de la selección, expresó sus resquemores porque observaba que la mística que llevó a la gloria se estaba perdiendo y no observaba ese fuego sagrado que encumbró a la generación dorada.

 

El bahiense también explicó que volver a pelear por los puestos 5 al 8 no era la muerte de nadie y habría que acostumbrarse.

 

Lo cierto es que la aparición de tantos superdotados en una misma generación fue un milagro imposible de explicar; sólo agradecer por haberlos disfrutado y valorar el tremendo esfuerzo de un grupo de iluminados, magistralmente conducidos por Rubén Magnano, que puso los colores por sobre todas las cosas. Ahora es momento de comenzar a despedirlos con los honores que merecen y no despedazar a los que vienen detrás por no reverdecer aquellos laureles que supieron conseguir.

 

El fin de una era parece estar llegando. Es doloroso, pero natural; aunque todavía queden algunos cartuchos en la recámara para hacer un lindo ruido.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP