Deportes 12-09-2009

(Selección)

 

NO ES SÓLO MARADONA

 

Es fácil cargar hoy las tintas contra Diego Armando. La Selección atraviesa uno de los momentos más grises que la memoria futbolística recuerde. Sin embargo, no está en el técnico toda la responsabilidad de lo que estamos viendo dentro de la cancha.

 

Los jugadores han mostrado en los partidos contra sus rivales del Mercosur un rendimiento, una sincronización y un espíritu de equipo para el llanto.

 

Las individualidades que tanto se han promocionado y comercializado, tampoco han demostrado estar a la altura de lo esperado.

 

Hoy, nuevamente, las tintas se cargan contra el joven Lio Messi, tal vez porque fue quien generó mayores expectativas, incumplidas para los amantes de la celeste y blanca y para el jogo bonito.

 

Ni el DT ni los 11 supieron hacerle honor a la camiseta. El punto, claro, es plantearse de qué camiseta hablamos.

 

¿Es la celeste y blanca que nos dejó campeones en el 78, adornada con manchas de sangre por el contexto en el que se dio, con las sospechas de juego limpio que pesan sobre aquél logro? ¿Es la que nos sacó campeones en el 86, en el que Maradona y 10 más nos llevaron a la cima? ¿O es la que nos tiene acostumbrados a las malasangres reiteradas, a los desencantos, al sufrimiento?

 

Esta última parece ser la que mejor pinta al seleccionado actual. Individualidades que no suman un todo; una historia desdibujada; una añoranza por lo que ya no es y tal vez, nunca fue.

 

En el medio, atravesándolo todo, la desorganización del fútbol argentino, ideación del mandamás, es el mayor de los condimentos, el único ingrediente constante en la historia de la redonda albiceleste.

 

Los desmanejos de Grondona, la falta de planificación de un fútbol federal, la escasez de entrenamientos, las mafias, las barras, los acuerdos, las muertes, la televisación, la venta de jugadores ‘tiernos’ antes de que alcancen su madurez, el privilegiar intereses individuales y espurios por sobre la pasión del conjunto de los argentinos, es achacable pura y exclusivamente a los directivos de la AFA y a sus secuaces.

 

Porque, a no dudarlo, no hay equipo ni jugador ni técnico, por mejor o peor que sea, que resista el caos absoluto que lo precede.

 

Vemos a lo largo de los años individualidades descollantes. Individualidades, no equipos. Vemos como alguien, por talento, por esfuerzo, por suerte, logra sobresalir y destacarse en el conjunto.

 

Es lo que también ocurre en otras áreas de nuestro país. Hay un par de científicos brillantes, un par de historiadores excelsos, un par de políticos geniales, algún economista destacado. Pero no hay una ciencia, una historia, una política o una economía para el destaque.

 

De igual manera, no hay un fútbol que se destaque, y la causa principal es la falta de planificación en el corto, mediano y largo plazo.

 

Las políticas y las estrategias de construcción han estado ausentes durante décadas. La tiranía burocrática del fútbol alcanza a dirigentes, deportistas, periodistas. Todo un entramado cuasi mafioso que ha llevado a que hoy se pida la cabeza del 10.

 

¿Clasificar? ¿No clasificar? A esta altura, nada debería ser tan importante como animarse a empezar a sanear al malherido fútbol argentino.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP