Deportes 19-09-2009 - 576 Palabras

(Del Potro – Comparaciones)

 

LA IRRESISTIBLE TENTACIÓN DE DESTRUIR AL OTRO

 

El batacazo Del Potro continúa con sus repercusiones y está bien que así sea. Fue una victoria épica frente al mejor jugador de la historia del tenis en su más alto nivel, una hazaña inscripta en la historia como las de Fangio, Vilas, Monzón, Sabatini, Galíndez, Cabrera, Gaudio y otros deportistas que de manera individual comieron en la mesa de los grandes. Un chico de 20 años cumpliendo sus sueños de niñez casi sin dejar de ser niño. La historia soñada para hacer hincapié en el esfuerzo, la lucha, la concentración, el aprovechamiento del talento, para intentar brindar un ejemplo a un colectivo hambriento de ellos.

 

Pero, como buena costumbre albiceleste, la irresistible tentación de destruir al otro dice presente y allá vamos, embarcados en el fascinante viaje de comparar para destacar los supuestos defectos de otros que son, a priori, perdedores.

 

Las balas se dirigieron primero para el “enemigo público número uno” de Juan Martín, David Nalbandián, como antihéroe necesario, poseedor de todos los defectos que no tiene el ahora superhombre de Tandil. En foros de Internet, por la tele, la radio y en columnas gráficas se mostraron, directa o subrepticiamente, las grandes diferencias entre las dos mejores raquetas, por escándalo, de la Argentina.

 

Frente al esfuerzo de uno, la vagancia para entrenar del otro; la concentración del campeón, la vida disipada del “gordito”; la mentalidad ganadora del morocho, “le faltan cinco para el peso” del rubio.

 

Ante las halagadoras palabras de David por la victoria de su compatriota se observaron caras sarcásticas o comentarios irónicos que indicaban la poca confianza en la transparencia de esos dichos. El cielo para Del Potro, el infierno para Nalbandián; siempre la dicotomía, jamás pensar bien ni confiar en las buenas intenciones del que está al lado. Así nos va.

 

Y pegadito, la obviedad: descuartizar todo lo relativo al seleccionado de fútbol comparándolo con los valores deportivos, humanos del, por estos días, hincha de Boca más famoso. “Ojalá los dirigidos por Diego tomen el ejemplo de Delpo y transpiren realmente la camiseta”, podría ser el resumen de cientos de comentarios transmitidos por los medios desde la explosión del lunes a la nochecita.

 

¿Alguien puede creer que los jugadores de fútbol que brillan en Europa no quieran hacerlo en las eliminatorias? ¿Creen que vuelan miles de kilómetros para jugar sin ganas y quedar afuera del torneo más importante de sus vidas? Sin dudas que el juego de los últimos partidos fue muy malo, con errores impropios de profesionales y, en ocasiones, una actitud más cercana a la resignación que a la lucha, pero de allí a decir que no sienten la camiseta o sólo les importa la plata existe un abismo.

 

Además de la pereza de no ponerse a pensar los porqués del bajo rendimiento y calificarlos directamente de “pendejos sin hambre que tienen todo asegurado”.

 

Es tiempo de gozar con la victoria de Del Potro, de hablar de sus enormes virtudes y una proyección inimaginable para los próximos años. De planear la manera de sacar los mejores frutos para el deporte a partir de este gran impulso. De intentar imitar su camino para fortalecer a una sociedad divida, peleada, autodestructiva que “parece odiarse si misma”, como dijo el uruguayo José Mujica. Es una utopía, porque cuando Juan Martín del Potro pierda alguna batalla importante, las hienas dejarán sus víctimas de turno para carroñar la carne fresca.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP