Deportes 26-09-2009 - 572 Palabras

(Maradona)

 

A LA DERIVA

 

En el momento más álgido del seleccionado en, por lo menos, los últimos 40 años, se fue a un spa en Italia a bajar de peso y “cuidar su cuerpo”. Quedaron en la tierra del plata representantes sin voz ni voto para planificar el trabajo en vistas a los dos partidos más importantes del equipo de todos en mucho tiempo. Sólo palabras de ocasión después de los mazazos de Brasil y Paraguay. ¿Trabajo de campo? Bien, gracias; está todo bien, no hace falta, llegamos de taco a Sudáfrica.

 

Vuelve de la península, saca pecho con su cara de “al séptimo día descansé” y tira a matar: “cuando yo no estoy no se decide nada”, comienza. “No dejo ni que me sugieran un jugador, nunca me dejé imponer nada”, continúa. “Acá, todo (especial énfasis) lo decido yo, todo”, concluyó. Cuentan algunos que, después, se sacó los anteojos, acomodó su capa roja y salió volando para capturar a Micheletti.

 

Increíble, pero real, Diego Maradona, dueño del planeta después de tres derrotas consecutivas y la peor campaña en eliminatorias largas de la historia. Sin identidad, con el agua al cuello y el corazón en la mano porque el parto se complica con el obstetra sin encontrar soluciones.

 

¿Alguien puede explicar lo que está sucediendo? ¿Estamos en Macondo?¿Nadie le dice nada a D10S?

 

No quedan dudas de que la moral de Diego es a prueba de balas, capaz de soportar toneladas de peso sin siquiera inmutarse. Pero su reacción termina de demostrar una falta de autocrítica alarmante, ya que éste es el último momento que tiene para pedir consejo, escuchar a los que saben, intentar buscar soluciones para un equipo que no las encuentra en la cancha.

 

Habló de que varios jugadores del medio local estarían en la lista ante Perú y Uruguay: ¿por qué no aprovechar para juntarlos en este lapso para entrenar, conocerse, discutir, meterles en la cabeza lo que quiere en el verde césped?

 

El seleccionado argentino de fútbol navega a la deriva, en pampa y la vía, a la buena de Dios, bajo la batuta de un capitán omnipotente y soberbio que parece disfrutar con la música de su Titanic.

 

La situación post Asunción ameritaba horas exhaustivas de labor concienzuda para planear el desembarco en Sudáfrica. Quemarse las pestañas pensando las mejores alternativas para que nada quede librado al azar. Sudar la gota gorda con los jugadores en Ezeiza para llegar lo mejor posible al 10 y al 14 de octubre.

 

Nada de eso, sólo se organizó un encuentro ante el equipo C de Ghana en Córdoba. También se habló de la confianza en clasificar y que “está todo bien con Diego”, Grondona y Bilardo dixit.

 

Todos pintados: el presidente de la AFA, el manager, los ayudantes técnicos, los preparadores físicos, los médicos, los representantes de los clubes en el Comité Ejecutivo de la AFA. Sólo ÉL importa, aunque vengan degollando.

 

“Deberíamos quedar afuera”, manifiestan foristas enfurecidos por el desastre en el que se ha transformado la selección en estos días. Sería inimaginable un Mundial sin la Argentina, un golpe demasiado fuerte para los hinchas genuinos del fútbol que esperan cuatro años ansiosos por su cita máxima. La posibilidad es cierta por más que el fixture ayude (¿terminaremos agradeciendo de rodillas a Bielsa?).

 

La tristeza es mucha porque aún así no se aprenderían de los errores y la soberbia continuaría acampando entre nosotros.

 

Manuel Álvarez Oliva

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Agencia MP