Economía 27-01-2005 - 591 Palabras
(Francia – Tarifas – Negociación)
PINGÜINOS DE PASEO POR LA CIUDAD LUZ
Néstor Kirchner no consigue sincronizar la
salida del default con un manejo habilidoso de las relaciones internacionales.
Empeñado en emular la torpeza del noble pájaro austral con quien gusta ser
identificado, asume actitudes que lo colocan más cerca del caudillo dispendioso
que del estadista.
A la fábula inventada en los propios despachos
oficiales sobre un supuesto salvataje chino que permitiría a la Argentina
liberarse de las fauces hambrientas del Fondo Monetario Internacional, se suma
ahora, cuando el gobierno busca con frenesí la aceptación internacional de su
plan de renegociación de la deuda, un viaje a Francia en que parecen haber
prevalecido las urgencias turísticas
por sobre las consideraciones de orden político.
Desde el vamos el periplo entrañaba más riesgos que réditos posibles. En pleno proceso de renegociación de las tarifas de servicios con Aguas Argentinas -dominada por el grupo francés Suez-, Kirchner puso en riesgo la necesaria credibilidad que debe ganar entre los inversionistas de todo el mundo para lograr que su propuesta a los bonistas sea aceptada, y se aventuró a recibir en la cara el portazo de los empresarios franceses anunciando su retiro de la Argentina y un juicio multimillonario contra el estado.
La oportunidad de la disputa no pudo coincidir
de manera más opuesta con los tiempos trazados por el ministro de Economía,
Roberto Lavagna, quien junto con su equipo se esfuerza por mantener un perfil
alejado de las altisonancias presidenciales y lograr que una masa crítica de
deudores acepte su plan de canje de bonos de la deuda.
La polémica entre ambos no tardó en llegar
cuando el anuncio ministerial de un aumento de tarifas del 16% en los servicios
de agua -lejos del 60% reclamado por la empresa- sacó de las casillas al
santacruceño y fue desmentido por su guardia de corps, integrada por el jefe de
Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro de Planificación, Julio De Vido.
Por el lado francés, los ejecutivos de Suez
también están de mal humor, especialmente cuando se deben ocupar de América del
sur. En la misma semana que la tensión con los funcionarios argentinos
alcanzaba su punto máximo, se conoció que el presidente boliviano, Carlos Mesa,
había rescindido el contrato con Aguas de Illimani, otra filial del grupo galo.
Los motivos, los mismos que en estas tierras: reclamo empresario por tarifas,
falta de inversión, imposibilidad de acceso al agua potable y cloacas en las
zonas más desposeídas.
El ruido de las peleas en la pingüinera
argentina pareció diluirse cuando el presidente y su esposa pudieron al fin
distenderse y disfrutar de lo que está al alcance de cualquier turista que
disponga de una billetera repleta de euros: recorrer los distritos elegantes de París.
La base de operaciones elegida por la pareja
presidencial fue el Hotel Méurice, célebre por ser el alojamiento casi obligado
de reyes y bons vivants de paso por la capital francesa y haber albergado la
sede del comando alemán durante la ocupación nazi. Como en el caso del agua, allí tampoco las tarifas están al
alcance de cualquiera. Para dormir en una habitación doble se necesitan 700
euros por noche. Si se prefiere una suite, la cifra trepa hasta los 1.300.
Setentistas, pero con el desparpajo de
cualquier turista con plata, Néstor y Cristina desdeñaron el ritual de la
visita a los cafés del otrora bohemio Saint Germain des Près en los que Jean
Paul Sartre y Simone de Beauvoir pasaban largas horas escribiendo y prefirieron
husmear por la otra orilla, la derecha.
Héctor Mario Amor
economia@agenciamp.com.ar
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