Economía 01-11-2007 - 583 Palabras

(Inflación – Medición)

 

INDEC RECARGADO

 

La Primera Dama estrenará, como Presidenta, en diciembre, un nuevo sistema para medir el índice de precios, importado nada más ni nada menos que de los Estados Unidos.

 

Como no trascendieron los componentes que se manejarán para alcanzar dicho porcentual, algo por demás extraño si lo que se busca es armonizar y consensuar criterios, reparando la caída en la credibilidad que el gobierno nacional le supo imprimir al Indec, vale la pena hacer un ensayo, a modo hipotético, sobre qué productos podría contemplar la próxima canasta de precios, de la que deriva el índice de inflación.

 

Aire, humo de cigarrillo, visión de publicidad política, padecimiento de la inseguridad, televisión de aire, radio, demoras en la atención hospitalaria, letanías de la justicia, impericia de los legisladores y desfalcos de los administradores podrían conformar un buen combo para que, cuando desde el gobierno se fijen cuánto aumentaron los precios, nos digan que hay deflación.

 

El actual jefe de Gabinete, Alberto Fernández, insiste con que lo de la inflación fue “una operación orientada a desinformar a la población”, utilizada en tiempos de campaña por algo así como la hermandad del tomate.

 

“Hay que terminar con esto porque creo que la campaña pasó, la gente votó”, dijo Fernández quien, evidentemente, hace muchos años dejó de ir a hacer las compras y ya ni siquiera las debe sentir en el bolsillo como el resto de la población.

 

Miente, miente, que algo quedará, sugería un forista en el sitio web de un medio nacional. ¿A cuenta de qué?

 

Es que el propio Gobierno comandó desde principios de año la “limpieza” de personal especializado en el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, intentando modificar no el aumento de precios, sino su reflejo a través del índice respectivo.

 

Luego de reemplazar autoridades una y otra vez, de manipular las encuestas y modificar datos (hay en Tribunales causas que investigan estas alteraciones), optó, ahora, por recurrir a una nueva forma de medición, por la cual se tendría en cuenta el consumo de los sectores más desfavorecidos en la escala económica y se actualizarían algunos datos generales en función de la aparición, por ejemplo, de nuevas tecnologías que alcanzan a toda la comunidad.

 

Hacerlo en secreto, a puertas cerradas, con tres enviados a los Estados Unidos para traer en valija gubernamental la llave de la nueva fórmula, no darla a publicidad ni explicarla debidamente luego de las manipulaciones realizadas, resta credibilidad a cualquier iniciativa por más necesaria o modernizante que se la pueda considerar.

 

En su discurso de asunción, Cristina fue muy clara y dejó en blanco que su comportamiento político no sería igual al de su marido ni al de sus ministros -aunque se sabe que mantendría junto a ella a buena parte del actual gabinete-.

 

Un excelente primer paso, que despejaría dudas en este sentido, sería obrar de cara y no de espaldas, no sólo a la sociedad, sino también a los distintos especialistas que podrán dar cuenta de si la fórmula traída desde la primera economía del mundo es aplicable en un mercado como el nuestro.

 

¿Por qué no hacerlo? ¿Por temor a la crítica? ¿Por horror al disenso?

 

Justamente, la apertura al disenso es algo que no tuvo mucha cabida durante los últimos cuatro años y medio. Ejemplos sobran para demostrar que esta ausencia tuvo y tiene impacto directo en la economía. El desconcierto que generan los números del Indec y las declaraciones de algunos altos funcionarios son prueba fiel de ello.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP