Economía 08-11-2007 – 551 Palabras

(Transporte – Aéreo)

 

UN PAÍS SIN DESPEGUE

 

“El tráfico aéreo ya se podría multiplicar por dos. Pero yo, la semana pasada, tuve que ir al aeropuerto de Bahía Blanca en auto. El sector pierde dinero y nadie impulsa un sistema en que pierde dinero”.

 

El razonamiento, válido y blandido por los operadores de turismo desde hace años, sonó distinto de boca de Ernesto Gutiérrez. ¿Por qué?

 

Porque Gutiérrez es el presidente de Aeropuertos Argentina 2000 (AA2000), empresa concesionaria de los aeropuertos del país y en conferencia de prensa durante la XVII Asamblea Mundial Anual del Consejo Internacional de Aeropuertos presentó los mismos argumentos que suelen emplear los dueños de las líneas aéreas para explicar el caos aéreo: la ecuación no cierra porque las tarifas están bajas.

 

Si bien la verdad de esas palabras están teñidas por el interés sectorial que representan, nada hay más cierto que el tráfico aéreo interno es un caos, al menos cuando existe.

 

Los paros y las huelgas, las demoras y protestas sacan a los viajantes de sus casillas. Pero pocas veces la televisión o los restantes medios cubren aquello que es imposible mostrar dado su inexistencia.

 

¿Cómo reflejar que para ir de Jujuy a Salta haya que pasar por Buenos Aires? ¿Cómo explicar que hay líneas áreas -estatales y privadas- que reciben subsidios y ni siquiera tienen aviones y si los tienen no los operan? ¿Cómo entender que hay aeropuertos que no reciben vuelos o tienen una visita diaria? ¿Cómo que los empleados apelotonados se cuentan de a cientos en empresas que no dan ni nunca dieron servicio?

 

Más allá de razones económicas, aportadas por Gutiérrez, hay un trasfondo mucho más sensible en lo que refiere a las falencias del transporte y las comunicaciones interprovinciales en nuestro país.

 

Con el cierre de los ferrocarriles en los años 90 se murieron cientos de pueblos y ciudades que sobrevivían alrededor suyo -Menem lo hizo-. Con el crecimiento del tráfico terrestre y la displicencia en el manejo de argentinos y vecinos, las rutas se transformaron en trampas mortales. Con la desaparición de líneas áreas y la disolución de rutas en el aire, la desconexión pasó a ser total.

 

No es el interés de las compañías el que debería primar aquí, sino que es nada menos que el federalismo y la organización nacional lo que está en juego.

 

Es algo que va más allá de la imposibilidad que tiene un turista local o extranjero de cumplir con su agenda de viaje y que redunda en que exista un techo importante para las posibilidades de crecimiento que este sector tiene en la economía.

 

Es casi una situación de raigambre histórica que demuestra que el unitarismo (o, mejor dicho, el individualismo y el desinterés por la suerte del prójimo) ha ganado. Que las líneas de colectivo pasan por la Capital, igual que los trenes y los aviones y los subtes y los presidentes.

 

Se trata de una manifestación cabal de la falta de orden que impera en el país. Orden en el sentido de rumbo y rumbo en el sentido de crecimiento.

 

Sea por tarifas, sea por infraestructura (que, por cierto, AA2000 ha desplegado en gran forma), la conectividad argentina no logra despegar. Por ruta, es sabido, todo demora mucho más. Para colmo, en muchos casos, ni siquiera están asfaltadas.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP