Economía
29-11-2007 - 562 Palabras
(Vivienda social)
CASAS PARA TODOS
En San Luis el modelo es bien conocido:
casas de buena calidad, accesibles, pagaderas en cuotas casi de por vida,
permiten a todos los sectores sociales adquirir y vivir bajo el propio techo. Ahora,
con una idea de negocios parecida aunque impulsada desde el sector privado, Ecipsa, el mayor desarrollador inmobiliario del interior
del país, impulsa la construcción en las principales ciudades argentinas.
La apuesta es la de levantar nada menos
que 12.000 nuevas unidades para la clase media, con una inversión de $ 1.200
millones.
La firma es la impulsora del conocido proyecto
Natania, que lleva levantadas 3.500 viviendas en Córdoba,
San Juan, Mendoza, Neuquén y Río Negro, y planea replicar el modelo a partir
del año próximo en el Gran Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Paraná y Salta.
En un país donde la concentración
poblacional no para de crecer, donde cada vez son más los sin techo, quienes
viven en habitaciones y pensiones, el grupo propone cuotas promedio de $ 400,
sin límite de plazo, para casas de uno a tres dormitorios en lotes de 220 a 350
m2 y precios totales que rondan los U$S 40.000.
La firma cotiza en la Bolsa de Comercio de
Buenos Aires, tiene inversores extranjeros como el fondo estadounidense J. E. Roberts Companies (uno de los
principales del mundo inmobiliario) y proyecta un crecimiento sostenido para
los próximos años.
¿Cuántas empresas habrá que pueden desplegar
este tipo de iniciativas, lucrativas, por cierto, y, sin embargo, esquivan el
deber social que las convoca? E, intentando penetrar un poco más a fondo, la
pregunta es si no debería ser el mismísimo Estado (nacional, provincial,
municipal) el que colabore con este tipo de actividades.
La confluencia de esfuerzos entre sector público
y privado, dicen muchos en el segundo de estos grupos, sería deseable en otro
Estado o, al menos, en otras circunstancias.
El temor a la intervención de la Administración
en cualquier emprendimiento de proporciones está asociado al elefantismo que suele aportar la burocracia y, por qué no
decirlo, al pedido de favores a cambio de algún tipo de colaboración.
Pero sí. En un país en vías de desarrollo,
un Estado que impulse la construcción de viviendas de buena calidad para su
gente sería un motor económico importante.
Se sabe: la construcción es un catalizador
de la economía, mide su pulso, alimenta el empleo y, si está bien llevada,
hasta estimula los aportes fiscales y provisionales.
En la Argentina, experiencias históricas
hay en ese sentido. Hoy, sin embargo, institutos como el de Vivienda de la
Ciudad (de Buenos Aires) lejos de tomar un pico y una pala para levantar construcciones,
a lo que parecen dedicarse es a levantar muros de expedientes, requisitos y
sospechas.
Mientras, sin embargo, hay empresas que
ven el negocio y sin necesidad de esquilmar con valores de U$S
2.000 o más por metro cuadrado, ganan dinero impulsando una industria con un
modelo sumamente interesante.
Eso vale para quienes reniegan de la falta
de seguridad jurídica, del cambio de las reglas del juego (Ecipsa
trabaja desde 1986) y de la falta de inversiones para justificar el
estancamiento de sus procesos productivos, sobre todo cuando son con miras
puestas en el largo plazo.
Aparentemente, todo es posible. Si el plan
es bueno y si está la decisión de implementarlo. Bueno sería que cunda el
ejemplo.
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP