Economía
13-12-2007 - 553 Palabras
(Declaración –
Emergencia)
¿VIVIMOS EN LA EMERGENCIA?
Y de repente, de un día para el otro,
cuando todos creíamos en los índices que muestran un crecimiento sostenido, sin
precedentes en la historia argentina, vinimos a descubrir que la emergencia
económica continúa, que no nos libramos de ella y que difícilmente podamos
hacerlo en el corto o mediano plazo.
El Congreso aprobó la ley que así lo
establece, por equis razones de índole político, y habilitó la renegociación de
tarifas de servicios a manos del Poder Ejecutivo.
La denominación de la situación es lo que,
probablemente, despista y hasta altera los nervios. “Emergencia: situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata”,
define la Real Academia y desdicen los datos oficiales, los datos privados, el
pulso de la calle.
¿De qué emergencia me
hablan?
Sucede que desde el
punto de vista de la macroeconomía, pero también desde la política y desde la
mismísima institucionalidad, la Argentina ha aprendido a convertir en
normalidad lo que debiera ser la excepción.
Casi como en una crisis
continua, con claros u oasis de crecimiento, nuestra historia muestra que, sea
por intereses sectoriales, por condiciones de contexto internacional, por
impericia de gobernantes, por ambición de gobernados, por especulaciones
propias o ajenas, siempre vivimos bajo situaciones consideradas de emergencia.
La pregunta es si puede
un país forjarse bajo condiciones semejantes, más aún cuando objetivamente no
hay motivos para que funcione de esa manera.
Aquí no hay guerras
civiles ni fratricidas; no hay facciones violentas que deban preocupar al
Estado, más allá de la inseguridad pública; ni siquiera hay azotes climáticos
como se padecen en buena parte del resto del mundo. Hay agua corriente, bien
escaso para buena parte de la humanidad, y esta esa seguidilla trillada de “todos
los climas”, “comida para 200 millones” y demás caballitos de batalla para
rezongar a nuestras anchas del por qué nos va como nos va.
¿Justifica, pues,
encarar el desarrollo de una nación, algo que requiere, por lo menos, de un
largo plazo (sino de un largísimo), bajo la tensión que supone una forma tal de
entender la ‘normalidad’? ¿Acaso se puede lograr algo de esa manera, con esa
visión de las cosas?
Incluso en los tiempos
que corren, con un aumento considerable de los indicadores macroeconómicos, con
una caída sustancial de los niveles de desempleo, con un consumo creciente y
una producción que se eleva trimestre tras trimestre, hasta parece obcecado
seguir aullando a la luna cantando emergencia.
Suena casi al tango, al
dolor de haber sido, al dolor de ya no ser.
¿Por qué se insiste,
entonces, con mostrar que una situación es, cuando vemos que no está siendo?
¿Qué necesidad hay de inducir un estado de cosas que no necesariamente refleja
la realidad? ¿Qué se gana? ¿Qué se pierde? ¿Cómo impacta semejante declaración
ante los ojos de los inversores extranjeros y de la mismísima comunidad
internacional? ¿Y la confianza? ¿Y la imagen nacional? ¿Y el bendito riesgo país?
Argentina vende, por un
lado, progreso, dinamismo, recuperación. Su Congreso, en cambio, para delegar poderes
que les son propios, blande la idea contraria y busca demostrar que no se ha
salido de la crisis.
Bueno, honesto, sería
definir en qué quedamos. Sobre todo en tiempo de balances de gobiernos viejos y
ansias y expectativas por los que son nuevos.
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP