Economía
20-12-2007 - 559 Palabras
(Transporte)
DE CASA AL TRABAJO, DEL TRABAJO AL CAOS
La combinación es fantásticamente antieconómica.
Se llama concentración más falta de infraestructura y arroja como resultado un
caos que perjudica al conjunto de la economía.
En la India, por ejemplo, las multinacionales
que hacia allí tercerizan sus servicios reconocen la capacidad de los
profesionales y critican por igual las carencias en materia edilicia, de
caminos, de telecomunicaciones.
¿De qué sirve un call center de 2.000
posiciones si cuando llueve se mojan las máquinas?
En China, por caso, la reconversión económica
de los últimos años hizo que en las grandes ciudades sea imposible transitar,
ya no sólo por la cantidad de gente, sino más bien porque lo que antes eran
bicicletas, ahora son automóviles.
¿Cómo llegar de un lugar a otro en menos
de una hora?
¿Y por casa? Veamos… Buenos Aires, la
Reina del Plata, con paro de subtes. Un caos. Piqueteros. Dos caos. Huelgas
sindicales. Tres caos. Lluvia. Cuatro caos. Y así hasta el infinito.
Pero quitemos eso y pongámonos en el lugar
de quien todos los días, en condiciones de ‘normalidad’ viaja dos horas de ida,
dos de vuelta, para encarar su jornada laboral.
Obviamente, su rinde no puede ser igual al
de quien está cerca de su lugar de trabajo. Tal vez no el primer día, pero a
fin de semana o de mes, hay un decaimiento lógico y previsible del que nadie da
cuenta.
El caso, es cierto, puede extrapolarse a
quien todos los días se apachurra en el subte o en un colectivo recargado por
una media hora, pero no. En viaje contracorriente, en hora pico alejándose del
centro, fácil es ver que los sucesivos trasbordos no son como aquellos.
En Primera Junta, en Plaza Flores, en
Liniers, en Ciudadela, el colectivo va haciendo las paradas y en el largo
recorrido las caras de cansancio y hastío se repiten, aunque cada vez con mayor
intensidad.
Curioso aunque previsible, no hay rubias
esculturales o chicos carilindos de los que muestran los programas, las series
y las películas en la tele. Son tan o más trabajadores que ellos. Tal vez por
eso a nadie le importa.
El tren está atestado, al punto que el
ingreso a la cancha de fútbol un domingo de superclásico es un paraíso con aire
acondicionado al lado de esto.
- ¿Hace cuánto espera?
- Cuartenta y cinco, jefe.
Pregunto yo desde el colectivo y contesta un
tipo desde la parada.
Estamos a hora veinte del centro porteño.
Hay que sumar tiempo al trabajo y restar el agotamiento con el que encarará su
día (o mediodía cuando llegue).
El caos en el transporte urbano reluce en
la Argentina de la falta de trenes y transporte aerocomercial, pero se luce con
más intensidad considerando el fortísimo proceso de concentración de fuentes de
trabajo que ha experimentado nuestro país en las últimas décadas, producto de
la falta de cualquier tipo de planificación.
¿Podrá revertirse el cataclismo? Sin dudas
costará, pero toda acción es posible si está acompañada de una política pública
y privada que la sustente.
¿Hay interés de que eso pase? Al parecer,
la respuesta no invita a ilusionarse. Siendo así, visto el escenario, habrá que
prepararse no sólo para seguir viajando mal, sino también, para terminar de
convertirnos en el país que nunca creímos que podríamos llegar a ser.
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP