Economía
10-01-2008 - 560 Palabras
(Energía)
50.000 CORTES Y NINGUNA SOLUCIÓN
No es un número cualquiera. Tiene la
suficiente envergadura como para alertar al más sereno se lo llame o no se lo
llame crisis, se diga o no se diga que la provisión está a la altura de las
grandes ciudades europeas, lo registre o no el Indec.
Con una térmica de 42° y en un solo día se
produjeron 50.000 cortes de energía simultáneos que dejaron sin luz a unos 1,2
millones de personas en el AMBA, algo así como 303.000 usuarios sin
electricidad.
La presidenta reconoció los números. La
agencia oficial de noticias minimizó el hecho y todo, según ellos, se debió al maldito
cambio climático. Malo, malo, malo eres.
La importación de generadores eléctricos
creció un 272% en los primeros cinco bimestres del año pasado, comparando con
todo el 2006, y representó U$S 222 millones según cifras
oficiales.
Buen negocio para sus productores, pero… ¿Es
esa la solución? ¿O es cuestión de sentarse y esperar a que pase el huracán, el
calor, el frío, el granizo, las inundaciones? ¿Acaso estamos en el primer
mundo, pero somos negros pobres de Nueva Orleans a
los que el gobierno no les presta atención? ¿O estaremos viviendo en el siglo
XXI a.C.?
Echarle la culpa a la naturaleza por la
falta de energía o decir que estamos igual de mal que otros países, no forman
parte del grupo de respuestas que conformen en los tiempos que corren.
Si Noé pudo prevenirse del diluvio (con
ayuda, es cierto), que un par de gotas o un aumento de temperaturas previstos
con meses de anticipación no generen reacción alguna no es culpa de la naturaleza,
sino de quienes deben tomar las decisiones para hacerles frente.
La pregunta, claro, es cuáles son las
medidas que de deberían adoptar en tal sentido. Los intereses de quienes están
detrás de unas y otras, sin dudas, se enfrentan.
Prohibir exportaciones. Aumentar la
generación. Fomentar la inversión. Incrementar las tarifas. Las respuestas más
ortodoxas caminan por esos senderos, en busca de fortalecer un status quo
no obsoleto, aunque sí en decadencia.
Otras, más innovadoras, sugieren que se
debe hacer una reconversión aprovechando energías limpias, como la eólica o la
solar, inagotables y super-rendidoras.
Para ello, claro está, hay que hacer
inversiones iniciales que implican una buena cantidad de ceros, precedida de un
número de mayor valor y una cotización que, invariablemente, se hace en moneda
extranjera.
Pero más allá de las diferencias de
intereses, de posiciones y de planteos, la coincidencia entre uno y otro grupo es
más que manifiesta e indica que lo único que no se puede hacer es no hacer
nada.
Negar realidades o desviar culpas y
atenciones no soluciona problemas, solamente y en el mejor de los casos los
empuja hacia adelante en el tiempo, para cuando el dirigente sea otro y las víctimas
sigan siendo las mismas.
Por su parte, la maniobra de comparar
desgracias cuando la capacidad financiera de respuesta es diametralmente
opuesta entre unos países y otros, tampoco sirve de paliativo.
1,2 millones de personas en un solo día se
quedaron sin electricidad. Perdieron alimentos, remedios, electrodomésticos, días
de trabajo.
Echarle responsabilidades a la madre
naturaleza no es justo, pero por sobre todo garantiza que esto volverá a pasar.
Eso explica la compra de generadores. Eso explica que no tengamos un plan.
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP