Economía 17-01-2008 - 557 Palabras

(Consumo – Marketing)

 

CONSUMIDORES AFLIGIDOS

 

¡Harto! Así me tienen las empresas de consumo masivo, prometiendo el oro y el moro para sumarme a su cartera de clientes y olvidarme pronto como perro sarnoso para inventarme las mil y una excusas y retenerme cuando me quiera ir.

 

Suponga que usted es el feliz poseedor de una conexión de banda ancha, un cable con quichicientos canales que nunca mirará o un telefonito celular por los que paga una cuota al principio o al final de cada mes.

 

Seguramente haya ingresado con una promo im-per-di-ble, de esas que nunca más volverán a repetirse… hasta dentro de seis meses.

 

Ese es, días más, días menos, el tiempo en el que los gurúes del marketing renuevan los vínculos para captar a otra sarta de incautos a la pesca de promociones formidables. Ingresan así de a cientos o miles pagando un 50, un 25 o hasta un 10% de lo que los salames que estaban desde antes venían abonando.

 

¿Y qué pasa? Tarde o temprano los salames se pudren, se quejan y se van. Pero cuando cierran la puerta, aparecen los vendedores a ofrecer una nueva promo in-su-pe-ra-ble, con la que se intenta engatuzar, una vez más, al gilún que es usted y también soy yo.

 

Y como tengo principios, les digo que no. Que hubieran pensado en mí antes. Que por qué no me ofrecieron los descuentos hace un mes, a mí que siempre fui buen pagador. E insisten. E insisto. Y el servicio, de repente, mágicamente, ya no funciona como antes. Y se cuelga, y se borran las señales y se pierde la audición cuando se habla por el móvil.

 

Entonces lo repienso y digo que sí, que me quedo. A desgano, pero me quedo. A la espera de que se generen nuevas condiciones para irme lo antes posible de una trampa en la que estamos envueltos todos los consumidores, no sólo de la Argentina, sino también del mundo.

 

Jugar con el descontento del cliente parece ser la máxima que están manejando los departamentos de marketing en la actualidad. Tientan al nuevo, se olvidan del viejo, y cuando el viejo se acuerda de ellos, lo presionan para que se quede.

 

Funciona así con todas o casi todas las grandes empresas prestadoras de servicios. Esas de las que uno difícilmente logre escapar, sea porque le cambia el número de teléfono, la dirección de correo electrónico o porque el cable que baja de la antena se hizo cuando la casa estaba en obra y tirar uno nuevo, de una empresa ‘contraria’, implicaría romper un par de paredes y dar de baja la reja de seguridad.

 

Entonces, mascando bronca, la gente común, usted y yo, nos quedamos, bufando contra quienes nos tienen cautivos.

 

¿Acaso recomienda un usuario o cliente disconforme el servicio que le presta una empresa que lo esclaviza? ¿Acaso no saben los gurúes que están conspirando contra la buena imagen de sus firmas? ¿Acaso les importa en algo el tenor de estas quejas?

 

No parece. Las conductas no cambian y la inversión que debería hacerse en mantener fieles a quienes confían en ellos se destina a publicidades continuas tendientes a captar a más y más incautos.

 

Ese es el modelo en el que estamos insertos. Modelo que depende del prefijo 15, del símbolo @ y, fundamentalmente, de la variable $.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP