Economía 24-01-2008 - 586 Palabras

(Crisis)

 

CRISIS GLOBAL

 

La cosa es más o menos así. Usted tiene plata y le presta a un fulano que le presenta garantías, constancias de ingresos, firmas de conocidos que responderán por él en caso de que algo salga mal.

 

Sobre sus créditos a usted le entregan un papel firmado. Ese papel lo tendrá que devolver cuando la deuda se haya saldado, y como sabe que pasará un buen tiempo hasta entonces, decide “alquilarlo”.

 

En otras palabras, ofrece el título que representa su crédito. Más sencillamente, vende el dinero que le entregarán mañana a cambio del que recibirá hoy.

 

El proceso sigue y, de esta forma, el título original que en un principio representaba $ 10, ahora no sólo será el espíritu de esos $ 10, sino de otros tantos $ como veces se haya revendido.

 

Hasta ahí, la primera clave para entender qué está pasando.

 

Resulta que un buen día usted advierte que tiene mucho, pero mucho dinero, y empieza a prestar a troche y moche, sin fijarse con mucha atención a quién le está prestando.

 

Para colmo, orienta sus prestaciones a determinadas actividades. Digamos, por ejemplo, créditos para la vivienda. ¿La garantía? La mismísima casa. Total, si se incumple el pago, usted se queda con ladrillos.

 

Acá termina la segunda cuestión, pero tenga en cuenta lo de los inmuebles. Porque, al fin de cuentas, por qué invertir en casas o departamentos, cuando se puede colocar el dinero en otros cientos de lugares.

 

La respuesta es sencilla: el precio de esos bienes está por las nubes.

 

Ahora bien, nada es eterno y los precios, de repente, comienzan a caer. Y a caer. Y a caer. Entonces, el que había tomado un crédito, cuando saca la cuenta de cuánto deberá pagar hasta el final de sus deudas cuotificadas, advierte que, en realidad, perderá plata el día en que le digan “esta propiedad es 100% suya”. Ahí deja de pagar.

 

Cuando el deudor es del primer grupo, el problema no es tan grave. Alguien habrá que responda por él. El tema surge cuando el que entra en cesación de pagos no tiene dónde caerse muerto y la propiedad que se le podría cobrar no vale lo mismo que se había calculado en su momento.

 

¿Resultado? La cadena de pagos comienza a resquebrajarse y aparecen los créditos incobrables.

 

Así es el cuentito que derivó, primero, en la crisis inmobiliaria en los Estados Unidos en el segundo bimestre del año pasado; luego en la declaración del Citi sobre su cartera incobrable de la semana pasada, y finalmente en los titulares anunciando la recesión de la principal economía del mundo y el contagio más que probable al resto del globo.

 

Aunque no haya números, el análisis es 100% económico. Sin embargo, para que sea real, habría, tal vez, que enfocarlo también desde las ciencias sociales y la comunicación.

 

Si en la cola de un banco alguien se para y dice que la entidad se está quedando sin fondos y que se les devolverán los depósitos a los cinco primeros en llegar a las ventanillas, probablemente haya más de un contuso y la entidad se vea en apuros si es que de buenas a primeras debe devolver todos aquellos billetes por los que emitió papeles como los que hablábamos al principio.

 

Profecía autocumplida, se llama. Si el Citi dice en voz alta que hay crisis, no habrá margen de error. Si todo el mundo lo cree, estaremos verdaderamente metidos en medio de un problema.

 

Tanto como eso.

 

Alcides Cepeda

redaccion@agenciamp.com.ar

Agencia MP