Economía 07-02-2008 - 566 Palabras

(e-Turismo)

 

DE CÓMO RESERVAR POR LA WEB O CHANTAS HAY EN TODO EL MUNDO

 

En 2007 los argentinos realizaron transacciones por comercio electrónico por unos $ 20.000 millones. Si tantos y tantos pudieron, me digo, por qué yo no. Y entonces pruebo.

 

Estoy planeando un viaje a la meca del consumo y el paraíso de lo virtual. Gugleo y el listado de hoteles, departamentos, hostels, refugios y habitaciones en alquiler que hay en la ciudad de Nueva York obliga a un sesudo análisis no de horas ni de días, sino de semanas enteras.

 

Se comparan precios, ubicaciones, comodidades (porque en la grandísima manzana se piden U$S 150 por noche por habitación con baño compartido sin ningún tipo de reparo o pudor) y modos de reserva.

 

Y ahí empieza el gran caos. Porque en no pocos, sino más bien en muchísimos hoteles, inmobiliarias, pensionados y albergues se pide gentilmente el número de la tarjeta de crédito para cargar toda la estadía por adelantado.

 

Uno, que además de gil es argentino y se cree vivo, encuentra un departamento con vista al río y ventanales con telescopio y dice: “¡Lo encontré! ¡Quiero vivir ahí!”. Y pregunta y está en precio. Y la dueña le pide U$S 2.000 por toda la estadía de una mísera semana. Por adelantado, claro.

 

Dudo. Desconfío. Pregunto. “No, pero mirá que allá la gente es otra cosa. Son honestos”, me dice uno que ha salido de los límites albicelestes más de una vez.

 

Ok”, pienso. Le mando un e-mail a la piba y le pregunto por un par de banalidades vinculados al monoambiente. La chica propietaria me contesta con soltura y me apura con aquello de que tiene “muchos interesados para este mismo departamento”.

 

Dios Google mediante, pongo su nombre en el buscador. Tres resultados. Sólo tres. Uno es el mismísimo departamento ofertado. Los otros dos son mucho, pero mucho más esclarecedores.

 

El primero de estos restantes es un foro de España, donde los turistas intercambian información sobre hospedajes en Nueva York. Hablan de esa tía y dicen que no es de fiar. Que su modalidad de cobro 100% adelantado es, al menos, dudosa. Que, en realidad, no es ella la dueña del departamento, sino que se lo dejaron para cuidar y lo alquila. Cosas turbias, bah.

 

El segundo, en cambio, no deja lugar a ningún tipo de dudas ni suspicacias. Es algo así como Fulano c/la supuesta dueña del departamento s/defraudación, ante la Corte Federal de no sé donde.

 

A su oferta de hospedaje se suman decenas, cientos de otras propuestas con tufillos similares. Me asalta, pues, la duda, sobre las ventajas del comercio electrónico, la facilidad que ofrece para engañar y ser engañado y el crecimiento exponencial que ha tenido esta forma de consumo, de compra y venta, de transacciones comerciales en los últimos años.

 

Por otra parte, me fascina la existencia de espacios donde los usuarios puedan bramar o loar sobre tal o cual servicio. Me fascina y me aterra. Porque, al fin de cuentas, como todo instrumento, arma o herramienta, si cayera en las manos equivocadas podría hacer verdaderos estragos.

 

Eso pienso mientras intento fortalecer la incidencia que, a nivel mundial, va tomando el turismo en el PBI de las naciones. Iré cauteloso, como pueblerino que llega a la gran ciudad. Eso sí, con espíritu aceitado, sabiendo que chantas y malandrines hay también en el primerísimo mundo.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP